En un contexto político venezolano marcado por la incertidumbre y la influencia externa, la posibilidad de nuevas elecciones genera interrogantes sobre su legitimidad y efectividad. El análisis de Luis Manuel Aguana plantea si la convocatoria electoral es viable sin la conclusión del plan de fases propuesto por Estados Unidos, y cuestiona la soberanía venezolana ante la fuerte injerencia de esta potencia extranjera.
Aguana advierte sobre la posibilidad de que, ante una escalada del conflicto en Medio Oriente, Estados Unidos priorice el control sobre los recursos petroleros venezolanos, limitando la capacidad del país para disponer libremente de ellos. El autor señala que la clase política venezolana, enfocada en buscar soluciones a través de elecciones, ignora las condiciones poco favorables para un proceso electoral transparente y justo, evidenciadas por la persistencia de las autoridades electorales designadas tras las elecciones del 28 de julio de 2024 y las deficiencias del sistema automatizado.
La situación se complica con la figura de Delcy Rodríguez, cuya permanencia en la presidencia interina está condicionada por el desarrollo del juicio contra Nicolás Maduro en Nueva York. De acuerdo con el Artículo 234 de la Constitución venezolana, la declaratoria de falta absoluta de Maduro podría retrasarse hasta febrero de 2027, lo que implicaría la convocatoria de elecciones presidenciales para marzo o abril del mismo año.
Sin embargo, Aguana enfatiza que la decisión final sobre la realización de elecciones recae en Estados Unidos, que podría prolongar la presencia de Rodríguez o designar a otro personaje afín a sus intereses, incluso si esto implica postergar el ejercicio de la autodeterminación del pueblo venezolano. El autor concluye que Venezuela se encuentra bajo una regencia extranjera y que la decisión de aceptar o resistir esta situación será el próximo gran desafío para el país.
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