Un simple lunar puede ser la primera señal de advertencia de melanoma, el tipo más agresivo de cáncer de piel. Expertos de la Cleveland Clinic enfatizan que la detección temprana de cambios en lunares –forma, color o tamaño– aumenta significativamente las posibilidades de un tratamiento exitoso y mejora la supervivencia.
Aunque la mayoría de los lunares en adultos son benignos, los dermatólogos recomiendan prestar atención a cualquier modificación reciente o la aparición de nuevas lesiones. De hecho, más del 70% de los melanomas surgen como lesiones nuevas, no a partir de lunares preexistentes.
Para facilitar la detección, los especialistas utilizan el criterio ABCDE: Asimetría, Bordes irregulares, Color variado, Diámetro mayor a 6 milímetros y Evolución (cambios en el tiempo). La dermatóloga Christine Poblete-Lopez destaca que los lunares normales suelen ser estables, por lo que cualquier cambio debe considerarse una señal de alerta.
Los “lunares atípicos” o “patito feo” –aquellos que se ven diferentes al resto– requieren especial vigilancia. Si bien el riesgo de que evolucionen a melanoma es bajo, las personas con múltiples lunares atípicos tienen un riesgo significativamente mayor.
Factores como la exposición solar intensa sin protección, antecedentes familiares de melanoma y la presencia de numerosos lunares aumentan la vulnerabilidad. Ante cualquier duda, los dermatólogos recomiendan un examen profesional con técnicas como la dermatoscopía digital y, si es necesario, una biopsia.
El melanoma representa una proporción importante de los cánceres de piel y su incidencia ha aumentado en las últimas décadas, según el National Cancer Institute. No obstante, la supervivencia ha mejorado gracias al diagnóstico temprano. Se recomienda realizar autoexámenes mensuales de la piel y acudir al dermatólogo ante cualquier cambio sospechoso. La detección precoz sigue siendo la herramienta más eficaz para mejorar el pronóstico y aumentar las probabilidades de recuperación.
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