La Habana, 27 de marzo de 2026 – Cuba enfrenta una severa crisis eléctrica que se prolonga y agrava, con un déficit de capacidad de generación que alcanzó un máximo de 1917 MW el día de ayer a las 20:40 horas. La situación, que comenzó como un déficit de capacidad durante las 24 horas del día anterior, persiste durante la madrugada de hoy, afectando significativamente la vida cotidiana de la población y las actividades económicas en todo el país.
Según información oficial, la disponibilidad del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) a las 06:00 horas de hoy era de apenas 1145 MW, mientras que la demanda ascendía a 2330 MW, lo que resulta en una afectación actual de 1210 MW. Para el horario de la media, se estima que la afectación se incrementará a 1300 MW.
La producción de energía proveniente de los 52 parques solares fotovoltaicos, una de las inversiones más significativas de los últimos años, alcanzó los 3890 MWh, con una máxima potencia entregada de 520 MW durante el horario de la media. Si bien esta contribución es importante, resulta insuficiente para cubrir la demanda nacional.
Las principales incidencias que contribuyen a la crisis energética son las averías en varias unidades de centrales termoeléctricas (CTE) clave. Específicamente, se reportan averías en las Unidades 5 de la CTE Mariel, Unidades 1 y 3 de la CTE Santa Cruz, Unidad 2 de la CTE Felton y Unidades 3, 5 y 6 de la CTE Antonio Maceo. Adicionalmente, se encuentran en mantenimiento la Unidad 6 de la CTE Mariel y la Unidad 5 de la CTE Nuevitas.
A estas incidencias se suman las limitaciones en la generación térmica, con 396 MW fuera de servicio. Esta combinación de factores ha llevado al SEN a un punto crítico, con consecuencias directas para los ciudadanos y las empresas.
El pronóstico para el horario pico, momento de mayor demanda de electricidad, no es alentador. Se prevé la entrada en funcionamiento de la Unidad 1 de la CTE Ernesto Che Guevara, aportando 60 MW, y el completamiento de la CTE Guiteras con 80 MW. Sin embargo, incluso con estas adiciones, la disponibilidad estimada para el pico es de solo 1285 MW, frente a una demanda máxima proyectada de 2980 MW. Esto implica un déficit de 1695 MW y, por consiguiente, una afectación pronosticada de 1725 MW durante el horario pico.
La situación plantea serias interrogantes sobre la capacidad del país para garantizar el suministro eléctrico de manera confiable y sostenida. La dependencia de las centrales termoeléctricas, muchas de ellas obsoletas y con un alto grado de deterioro, y la lentitud en la implementación de fuentes de energía renovable, son factores que contribuyen a la vulnerabilidad del SEN.
Las autoridades cubanas han reconocido la gravedad de la situación y han anunciado medidas para tratar de mitigar los efectos de la crisis. Sin embargo, la falta de recursos, las limitaciones tecnológicas y las dificultades para acceder a financiamiento internacional dificultan la implementación de soluciones a corto y mediano plazo.
Los apagones prolongados y frecuentes están generando malestar en la población, afectando el acceso a servicios básicos como el agua, las comunicaciones y la atención médica. Además, impactan negativamente en la producción industrial, el comercio y el turismo, sectores clave para la economía cubana.
La crisis eléctrica también plantea desafíos en materia de seguridad ciudadana, ya que la falta de iluminación en las calles y los barrios aumenta la vulnerabilidad a la delincuencia.
El gobierno cubano ha apelado a la comprensión y el ahorro de energía por parte de la población, instándola a reducir el consumo eléctrico en los hogares y en las empresas. Sin embargo, estas medidas, aunque necesarias, no son suficientes para resolver el problema de fondo.
La situación exige una estrategia integral que combine la rehabilitación de las centrales termoeléctricas existentes, la aceleración de la transición hacia fuentes de energía renovable, la diversificación de la matriz energética y la implementación de medidas de eficiencia energética.
La crisis eléctrica en Cuba es un reflejo de los desafíos económicos y estructurales que enfrenta el país. La falta de inversión, la obsolescencia de la infraestructura y la dependencia de fuentes de energía importadas son factores que contribuyen a la vulnerabilidad del SEN.
La solución a esta crisis requiere un esfuerzo conjunto de todos los actores de la sociedad cubana, incluyendo el gobierno, las empresas, la población y la comunidad internacional. Es fundamental encontrar soluciones sostenibles que garanticen el acceso a la energía eléctrica de manera confiable y asequible para todos los ciudadanos. La estabilidad del suministro eléctrico es esencial para el desarrollo económico y social de Cuba, y su resolución es una prioridad para el gobierno y la población.


