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Cesar Andrade: Un artista venezolano que floreció entre París y su pueblo natal

“Leer, e investigar sobre el libro “Punto y Línea sobre el Plano”, me abrió a otra dimensión” Elvis Joan Suarez En la colección del Banco Central de Venezuela, hay una obra de Rafael Monasterio, titulada “Desde la quebrada Guarico” importante paisajista venezolano, la obra es de 1939, en ella vemos, un bello paisaje donde hay [...]

Cesar Andrade: Un artista venezolano que floreció entre París y su pueblo natal

El artista venezolano Cesar Andrade, oriundo de Guarico, Lara, encontró en el constructivismo y el arte cinético nuevas formas de expresión tras una infancia marcada por el dibujo y el apoyo familiar. Su obra, que abarca pintura, escultura, canto y poesía, ha trascendido fronteras, convirtiéndose en un mecenas cultural para su comunidad.

La historia de Andrade se remonta a 1939, en el pueblo de Guarico, donde el paisajista Rafael Monasterio capturó en su obra “Desde la quebrada Guarico” la vida cotidiana de lavanderas y un niño a orillas de un río, un niño que quizás se asemejaba al propio Cesar. Proveniente de una familia sin tradición artística formal, Andrade desarrolló su pasión por el dibujo gracias al estímulo de sus padres, quienes dibujaban pájaros con carboncillo.

A los 18 años, Andrade decidió dedicarse a la pintura, contando con el apoyo incondicional de su padre, quien lo envió a Barquisimeto para estudiar en la “ciudad de los crepúsculos”. Allí, bajo la guía de su maestro José Requena, Andrade sentó las bases de su formación artística. Tras completar sus estudios, ejerció como profesor en Acarigua, pero en 1968, una invitación de su amigo Esteban Castillo lo llevó a París, en pleno fervor de las luchas sociales de mayo del 68.

París se convirtió en un punto de inflexión en la carrera de Andrade. Cautivado por el constructivismo, visitó numerosas galerías y museos, y conoció la obra de Piet Mondrian, lo que transformó su enfoque artístico. Además de su pintura, Andrade exploró otras disciplinas, como el canto y la poesía, presentándose en locales parisinos con su cuatro venezolano y publicando sus propios libros de poesía.

Su interés por el arte cinético lo llevó a asistir a cursos impartidos por Franck Popper y Jean Cassou, y a visitar a su amigo Francisco Asís. Fue durante una conversación con Asís que surgió la idea de sus “Puntigramas”, obras realizadas con clavos meticulosamente pintados, que crean una sensación de dinamismo y movimiento al ser observadas desde diferentes ángulos. Castillo describió el taller de Andrade como un espacio ecléctico, lleno de instrumentos musicales, objetos coleccionables y materiales artísticos, donde la creatividad fluía libremente.

La obra de Andrade llegó a captar la atención de figuras como Denise René, una influyente galerista parisina. Sin embargo, su compromiso con su tierra natal fue constante. Años después, al ser invitado a dar una conferencia sobre la historia de la guitarra en Guarico, Andrade descubrió que la periodista que lo entrevistaba era la hija del maestro Andrade, un encuentro que lo conmovió profundamente.

La conferencia y el concierto posterior en Guarico fueron un rotundo éxito, atrayendo a un público entusiasta que apreciaba la música y el arte. Andrade se enteró entonces de que el festival de música de Guarico era financiado por las ventas de sus obras en París, un gesto generoso que demostraba su amor por su pueblo.

Más tarde, durante su labor como profesor en la Universidad Lisandro Alvarado, Andrade tuvo la oportunidad de visitar el Museo de Barquisimeto y apreciar su propia obra, reconociendo su sencillez y profundidad. Su legado artístico continúa inspirando a nuevas generaciones de artistas venezolanos, y su compromiso con su comunidad lo convierte en un ejemplo de mecenazgo cultural.

La historia de Cesar Andrade es un testimonio de la capacidad del arte para trascender fronteras y conectar a las personas. Su obra, nacida de una infancia mágica en los Andes venezolanos y enriquecida por su experiencia en París, es un reflejo de su pasión, su creatividad y su amor por su tierra natal. Su ejemplo demuestra que el arte puede ser una fuerza transformadora, capaz de generar belleza, conocimiento y esperanza.

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