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MADURO EN LA CORTE: ¿DEFENSA IMPOSIBLE?

MADURO EN LA CORTE: ¿DEFENSA IMPOSIBLE?
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Nicolás Maduro, visiblemente demacrado y con una sonrisa débil, compareció ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York en su segunda audiencia judicial desde su captura el 3 de enero. Acompañado por su esposa, Cilia Flores, también uniformada de prisión, el ex mandatario venezolano se presentó en un ambiente de máxima seguridad y restricciones sin precedentes para la prensa. La audiencia, que duró poco más de una hora, se centró en dos puntos cruciales: la viabilidad de la defensa de Maduro y Flores ante las sanciones estadounidenses, y la solicitud de la fiscalía de mantener en secreto las pruebas del caso para proteger a posibles testigos en Venezuela.

El operativo para llevar a Maduro y Flores a la corte, ubicada en el piso 26 de un edificio con vistas a Manhattan, comenzó a las 4:30 de la madrugada. La presencia de periodistas, curiosos y manifestantes obligó a las autoridades a tomar medidas extremas para evitar cualquier incidente. Aquellos periodistas autorizados a ingresar a la sala de audiencias, como un representante de Clarín, debieron dejar todos sus dispositivos electrónicos en una zona segura, limitándose a lápiz y papel para tomar notas. La atmósfera era de absoluto silencio, con estrictas prohibiciones de hablar, susurrar o realizar cualquier gesto que pudiera ser interpretado como una perturbación. Incluso la presencia de artistas que retrataban la escena con ilustraciones en pastel fue cuidadosamente controlada.

Maduro, con uniforme de presidiario beige sobre una camiseta naranja y zapatillas, lucía mucho más delgado que en su primera comparecencia judicial el 5 de enero, cuando se defendió afirmando ser un perseguido político e insistiendo en que seguía siendo el presidente de Venezuela. En esta ocasión, el ex gobernante se limitó a escuchar atentamente las deliberaciones y a consultar en voz baja con su abogado, Barry Pollack, a través de un intérprete. Mientras tanto, Cilia Flores, vestida con un uniforme de prisión verde seco y un suéter gris, se mantenía maquillada y con el cabello recogido en una coleta de caballo.

La acusación contra Maduro incluye conspiración para narcoterrorismo, tráfico de cocaína y posesión de armas de guerra, mientras que Flores enfrenta cargos por tráfico y posesión de armas. La defensa de ambos se enfrenta a un obstáculo significativo: las sanciones impuestas por Estados Unidos impiden el acceso a fondos del régimen venezolano para cubrir los honorarios de sus abogados.

Pollack argumentó ante el juez Alvin Hellerstein, de 92 años, que la imposibilidad de pagar a sus defensores violaba el derecho constitucional de Maduro y Flores a una defensa justa. El abogado solicitó la desestimación del caso, pero el juez se negó. Hellerstein, tomando café y hablando lentamente, cuestionó a Pollack sobre la situación financiera de sus defendidos, sugiriendo que podrían ser representados por un defensor público. Pollack respondió que los fondos de Maduro y Flores estaban bloqueados por las sanciones, lo que impedía cualquier pago.

El fiscal adjunto Kyle Wirshba argumentó que el gobierno de Donald Trump había congelado los fondos por razones de seguridad nacional y política exterior. Sin embargo, el juez Hellerstein pareció dudar de la justificación, señalando que la situación en Venezuela había cambiado y que Maduro y Flores ya no representaban una amenaza para la seguridad nacional. Incluso planteó la posibilidad de solicitar una licencia especial al Departamento del Tesoro para desbloquear los fondos específicamente para cubrir los gastos de la defensa, garantizando así el derecho constitucional de los acusados.

Otro tema central de la audiencia fue la solicitud de la fiscalía de impedir que la evidencia del caso se comparta con otras cuatro personas mencionadas en la acusación: Diosdado Cabello, Ramón Rodríguez Chacín, Nicolás Maduro Guerra y Héctor Guerrero, presunto líder de la banda transnacional Tren de Aragua. El gobierno estadounidense argumenta que existe un riesgo real de violencia y que el entorno de Maduro podría utilizar la información para identificar y tomar represalias contra testigos y sus familias en Venezuela. La defensa, por su parte, se opone a esta restricción, argumentando que la evidencia debe ser compartida con todos los acusados. El juez Hellerstein se reservó el derecho de tomar una decisión al respecto en un momento posterior.

Al finalizar la audiencia, Maduro recogió cuidadosamente los expedientes en un sobre de papel madera, saludó a sus abogados y dirigió una mirada a su esposa desde la distancia. Ambos se encuentran recluidos en pabellones separados del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una cárcel de máxima seguridad conocida por sus condiciones de vida extremas.

El hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra, había anticipado un cambio físico en su padre, confirmando que había perdido varios kilos. Aseguró que su padre se mantenía con mucho ánimo y mucha fuerza , y que estaba haciendo ejercicio diariamente. No está claro si esta pérdida de peso se debe al régimen de ejercicio o a las duras condiciones de su encierro. La cárcel de Brooklyn ha sido objeto de críticas durante años por sus condiciones peligrosas e inhumanas, con denuncias de insalubridad, inseguridad y aislamiento prolongado. Se han reportado casos de escasez de alimentos e incluso comidas infestadas de gusanos.

Fuera de la corte, manifestantes se congregaron para expresar su apoyo o rechazo a Maduro. Algunos pedían su liberación y protestaban contra el operativo militar estadounidense, mientras que otros, con banderas venezolanas, coreaban consignas en su contra. Uno de los manifestantes incluso llevó un muñeco de Maduro de tamaño real, esposado y vestido con uniforme de presidiario.

El juez Hellerstein no tomó ninguna decisión definitiva durante la audiencia, pero sus preguntas sugieren que podría estar dispuesto a considerar un desbloqueo temporal de fondos para garantizar el derecho a la defensa de Maduro y Flores. La próxima audiencia se programará en una fecha posterior, y el juicio podría prolongarse por varios años. Mientras tanto, la relación entre Estados Unidos y Venezuela continúa evolucionando, con el expresidente Donald Trump estrechando lazos con el país caribeño.

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