Nicolás Zepeda fue declarado culpable de asesinato premeditado y condenado a cadena perpetua por el crimen de su expareja, Narumi Kurosaki, en el tercer juicio realizado en Francia por este caso. Este veredicto marca el fin de un largo y complejo proceso judicial que se extendió por años, marcado por apelaciones y la anulación de juicios previos.
El fallo representa la tercera condena en contra del ciudadano chileno, luego de dos procesos anteriores en 2022 y 2023, en los que había sido sentenciado a 28 años de prisión. Sin embargo, ambos veredictos fueron anulados por la Corte de Casación francesa debido a irregularidades en el procedimiento, lo que obligó a la repetición del juicio. La insistencia de la justicia francesa en llegar a un veredicto definitivo subraya la gravedad del caso y la necesidad de asegurar un proceso legal justo y completo.
La fiscalía, a lo largo de las investigaciones, presentó evidencia que señalaba a Zepeda como la última persona en tener contacto con Kurosaki antes de su desaparición. Aunque el cuerpo de la joven japonesa nunca fue encontrado, la hipótesis principal sostenida por la fiscalía, y ahora confirmada por el tribunal, es que Zepeda es responsable de su desaparición y posterior asesinato. La falta del cuerpo no impidió que el jurado considerara las pruebas presentadas como suficientes para establecer la culpabilidad del acusado.
Antes de conocer la decisión del tribunal, Zepeda tuvo la oportunidad de realizar una extensa declaración en la que reiteró su inocencia y evocó los recuerdos de su relación con Narumi Kurosaki, quien desapareció en 2016 en la ciudad de Besan on, Francia. Su testimonio buscó apelar a la empatía del jurado y sembrar dudas sobre las pruebas presentadas en su contra.
Amé sinceramente a Narumi, con todo mi corazón. Con todos mis defectos, durante diez años ha estado en mis pensamientos. Está conmigo. Vivo en un infierno sin saber qué pasó , declaró Zepeda, según lo recogido por el diario La Cuarta. Estas palabras revelan el profundo impacto emocional que la desaparición de Kurosaki ha tenido en su vida, incluso mientras mantiene su postura de inocencia.
Zepeda continuó expresando su arrepentimiento por el fin de su relación con la joven japonesa. Vivo en una pesadilla de arrepentimiento por haberla dejado, por no haberme quedado con ella , añadió, sugiriendo que su pesar se centra en la pérdida de la relación más que en la acusación de asesinato.
Además de dirigirse al jurado, Zepeda aprovechó la oportunidad para agradecer a aquellos que lo han apoyado durante el largo proceso judicial. Nunca podré agradecer lo suficiente a quienes me apoyaron, por creer en mí, por comprender que era inocente. ¡Yo no maté a Narumi, no pude haber sido yo! , exclamó con vehemencia, reafirmando su defensa.
En un intento final por persuadir al jurado, Zepeda reconoció sus dificultades para expresarse y comunicó su confianza en su juicio. Sé que a veces no encuentro las palabras para decirlo, que me cuesta expresarme... Quiero confiar en ustedes , dijo, buscando establecer una conexión personal con los miembros del jurado.
Finalmente, Zepeda cerró su declaración reiterando su inocencia de manera contundente: Yo no la maté . A pesar de su apasionada defensa, el jurado no se convenció de su versión de los hechos y lo declaró culpable de asesinato premeditado.
La condena a cadena perpetua impuesta a Nicolás Zepeda marca el fin de un caso que ha captado la atención de la opinión pública tanto en Francia como en Chile y Japón. La desaparición de Narumi Kurosaki y la posterior investigación y juicios han generado un intenso debate sobre la justicia, la culpabilidad y la búsqueda de la verdad en casos de crímenes sin resolver.
El caso también pone de manifiesto las complejidades del sistema judicial francés, que permite la repetición de juicios en caso de irregularidades procesales, incluso después de que se hayan dictado sentencias condenatorias. Esta característica del sistema busca garantizar un proceso legal justo y proteger los derechos de los acusados, pero también puede prolongar la incertidumbre y el sufrimiento de las víctimas y sus familias.
La familia de Narumi Kurosaki aún espera respuestas sobre las circunstancias exactas de su desaparición y muerte. Aunque el cuerpo de la joven nunca fue encontrado, la condena de Zepeda les brinda un cierto grado de cierre y la esperanza de que se haga justicia. La cadena perpetua impuesta al acusado significa que pasará el resto de su vida en prisión, sin posibilidad de libertad condicional.










