La reciente ofensiva israelí contra Irán, justificada por el primer ministro Benjamin Netanyahu como una acción para erradicar la amenaza existencial del régimen iraní, reaviva un debate sobre la legitimidad de los ataques preventivos y la doctrina de seguridad israelí. Desde su fundación en 1948, Israel ha mantenido una postura de seguridad casi obsesiva, dada su ubicación y las hostilidades históricas con sus vecinos.
Esta doctrina, establecida por David Ben-Gurión, se basa en la necesidad de adelantarse a potenciales enemigos debido a la falta de profundidad estratégica del país, es decir, su pequeño tamaño y recursos limitados. La estrategia implica la capacidad de responder de manera rápida y decisiva, desplazando el campo de batalla al territorio enemigo.
A lo largo de su historia, Israel ha recurrido a ataques preventivos, como en 1967 contra Egipto, argumentando una amenaza instantánea y abrumadora . Esta acción dio inicio a la Guerra de los Seis Días, resultando en la ocupación de territorios que aún hoy generan controversia internacional. Más tarde, en 1981, el ataque al reactor nuclear de Irak, ordenado por Menájem Beguín, amplió el alcance de esta doctrina, reservándose Israel el derecho a atacar a aquellos que busquen armamento nuclear.
La comunidad internacional ha criticado repetidamente estas acciones, con resoluciones de condena por parte de la ONU. Sin embargo, Israel defiende su derecho a la autodefensa, incluso antes de un ataque directo, argumentando que la supervivencia del Estado está en juego.
Expertos en derecho internacional señalan que la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de otros estados, a menos que sea autorizado por el Consejo de Seguridad, lo cual no ha ocurrido en los casos israelíes. La excepción de legítima defensa, basada en la Fórmula Caroline, requiere una amenaza instantánea, abrumadora y que no deje opción a la deliberación , un criterio que, según algunos, Israel ha cumplido en ciertas ocasiones.
El gobierno israelí, sin embargo, prioriza su propio criterio sobre el derecho internacional, como se evidencia en la expansión de los asentamientos en Cisjordania y su rechazo a las acusaciones de genocidio en Gaza. La escalada actual con Irán, una vez más, pone de manifiesto la disposición de Israel a actuar primero, independientemente de las opiniones de otros países.
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