Alejandro González Iñárritu, el aclamado cineasta mexicano, ha alzado la voz con contundencia ante el agravamiento de la situación de los inmigrantes en Estados Unidos, describiendo al país como “los Estados Desunidos” sumidos en una “pesadilla” y una “debacle”. Sus declaraciones, realizadas en Bilbao donde su innovadora obra de realidad virtual “Carne y arena” se exhibe actualmente, reflejan una profunda preocupación por el aumento de la represión y la deshumanización que sufren los inmigrantes, especialmente bajo la acción del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).
Iñárritu recuerda que cuando estrenó “Carne y arena” en 2017, la lucha contra el drama de la inmigración se desarrollaba en un contexto más discreto, principalmente en el desierto fronterizo. Hoy, sin embargo, la represión se ha vuelto pública y brutal, con agentes del ICE realizando detenciones agresivas en ciudades, transporte público, escuelas y lugares de trabajo. “Estamos peor”, afirma Iñárritu, mostrando en su teléfono imágenes que considera reveladoras de la crueldad del momento.
La obra “Carne y arena”, un proyecto de inmersión en realidad virtual que le valió un Oscar, busca precisamente transportar al espectador a la experiencia de los inmigrantes, permitiéndole comprender con todos sus sentidos los desafíos, riesgos y la audacia de quienes buscan una vida mejor. La exposición en Bilbao, que se prolongará hasta el 20 de junio, estará acompañada de debates sobre el tema, buscando generar conciencia y promover la empatía.
Iñárritu, trabajando nuevamente con su colaborador habitual, el director de fotografía Emanuel Lubezki, ha revivido el proyecto para esta nueva exhibición. El proceso, confiesa, fue profundamente conmovedor. “Me quebró y me hizo llorar”, relata, explicando que las imágenes del ICE que veía en las noticias se cruzaron con los recuerdos de las casi 500 personas que entrevistó para “Carne y arena”, preguntándose dónde estarían ahora.
El cineasta critica duramente la viralización de videos de detenciones por parte del gobierno estadounidense, calificándola de “crueldad total”. Denuncia que Estados Unidos se encuentra en un proceso de desmoronamiento, comparándolo con la caída de Babilonia, y advierte sobre los peligros de un “capitalismo sin democracia”. Iñárritu señala la influencia de los “cárteles corporativos, armamentísticos y tecnológicos” como uno de los problemas centrales de la situación actual.
“Carne y arena” se presenta como una experiencia individual e inmersiva en tres actos. El espectador es invitado a descalzarse y dejar sus zapatos junto a los de los inmigrantes, simbolizando el viaje truncado y el dolor de aquellos que buscan una nueva vida. Luego, se sumerge en la arena y experimenta los testimonios a través de las gafas de realidad virtual. Iñárritu enfatiza que la experiencia es única e irrepetible, y que no tiene planes de crear nuevas obras en este formato, debido a su alto costo y a la falta de apoyo a iniciativas artísticas en el campo de la realidad virtual.
El cineasta destaca que la realidad virtual ofrece un lenguaje diferente al del cine, donde el espectador se convierte en el director, dictando su propia narrativa a través de su sensibilidad. En “Carne y arena”, Iñárritu y Lubezki trabajaron estrechamente con grupos de inmigrantes, llevándolos de vuelta al desierto y recreando su experiencia en un entorno tecnológico que amplificaba sus voces y su dignidad. El proceso, según Iñárritu, fue “sanador” para los participantes, permitiéndoles liberar el trauma y apropiarse de su historia.
La obra fue finalizada justo antes de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Iñárritu recuerda que, a pesar de las circunstancias, los inmigrantes que participaron en el proyecto no mostraron odio hacia Trump, creyendo que él podría comprender su situación. Relata que muchos de ellos huían de la miseria y la violencia en sus países de origen, y se pregunta cómo es posible que estas víctimas sean acusadas de ser criminales.
Iñárritu apela a la necesidad de entender al otro como un acto de amor, citando al monje budista Thich Nhat Hanh. Advierte sobre los peligros de la simplificación y el uso de palabras que inciten al odio, y subraya la importancia de la empatía, el bien común y la compasión. Lamenta la pérdida de valores fundamentales como la verdad y la belleza, y la fragmentación de la sociedad debido al individualismo.
El cineasta insta a resistirse a la ignorancia y a fomentar discursos que promuevan la comprensión y la solidaridad. Considera que la tecnología puede ser utilizada para sembrar confusión y miedo, y advierte sobre el peligro de caer en sentimientos “paleolíticos”. En definitiva, Iñárritu lanza una llamada de atención sobre la crisis humanitaria que se vive en la frontera estadounidense y la necesidad urgente de un cambio de rumbo. Su obra, “Carne y arena”, se erige como un poderoso testimonio de la experiencia inmigrante y un llamado a la conciencia global.


