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Santiago Recuerda: El Día Que Un Criminal Sembró El Caos

Hace 15 años, un control policial en San Bernardo desató una persecución armada que dejó dos detectives muertos y convirtió a Nolli en el hombre más buscado de Chile.

Santiago Recuerda: El Día Que Un Criminal Sembró El Caos

Quince años han transcurrido desde una jornada que marcó un punto de inflexión en la historia de la seguridad en Santiago. El 23 de marzo de 2011, una fiscalización rutinaria en el sector de San Bernardo se transformó en una balacera de proporciones impactantes, dejando un saldo de dos policías muertos y otros dos gravemente heridos, además del abatimiento del responsable, Italo Nolli. El caso, que escaló rápidamente a nivel nacional, sigue resonando en la memoria colectiva y plantea interrogantes sobre los riesgos que enfrentan las fuerzas de orden al confrontar criminales dispuestos a todo para evitar su captura.

La mañana del 23 de marzo de 2011 comenzó como cualquier otra para los detectives de la Policía de Investigaciones (PDI) que realizaban diligencias en la comuna de San Bernardo. Su objetivo era fiscalizar dos vehículos estacionados en calle La Divisa, una tarea que parecía carecer de mayor relevancia. Sin embargo, en uno de esos automóviles se encontraba Italo Nolli, un individuo con un pasado turbulento y una orden de detención vigente. Al verificar su identidad, los funcionarios policiales se encontraron con una situación que rápidamente escalaría a un enfrentamiento de extrema violencia.

Nolli, lejos de entregarse a las autoridades, reaccionó con una ferocidad inesperada. Desató una lluvia de disparos, más de 30 en total, contra los detectives que lo fiscalizaban. La respuesta fue inmediata y trágica. El subcomisario Marcelo Morales y la inspectora Karim Gallardo perdieron la vida en el lugar, mientras que otros dos funcionarios resultaron gravemente heridos. La escena, descrita por testigos como un verdadero campo de batalla, marcó un antes y un después para la PDI, evidenciando la vulnerabilidad de sus funcionarios ante la creciente peligrosidad de algunos delincuentes.

La muerte de los dos policías desató una persecución implacable a nivel nacional. Nolli se convirtió en el hombre más buscado de Chile, y cada hora que pasaba aumentaba la presión sobre las autoridades para capturarlo. La persecución se trasladó rápidamente al centro de Santiago, donde Nolli protagonizó nuevos enfrentamientos armados con la policía, dejando más efectivos heridos en su huida desesperada. La capital se vio sumida en un clima de tensión y temor, mientras las autoridades desplegaban un operativo masivo para dar con el paradero del fugitivo.

El desenlace de esta persecución épica llegó en pleno casco histórico de Santiago, específicamente en la intersección de calles Cienfuegos y Agustinas. Acorralado por los funcionarios policiales, Nolli volvió a disparar, intentando abrirse paso a la fuerza. Sin embargo, esta vez no logró escapar. Tras un intenso intercambio de disparos, fue abatido por la policía, poniendo fin a una de las persecuciones más violentas y prolongadas registradas en la capital.

Pero la historia de Italo Nolli no se limitó a ese fatídico día. Su vida había estado marcada por episodios de violencia, conflictos familiares y una progresiva deriva criminal. Con el tiempo, Nolli construyó una red ilegal dedicada a la comercialización de cobre robado, operando con armas de alto calibre y estableciendo contactos en distintos puntos de Santiago. Su organización criminal se caracterizaba por su estructura jerárquica y su capacidad para evadir la acción de la justicia.

Tras su muerte, la policía realizó un exhaustivo registro en su domicilio, donde encontró un verdadero arsenal de armas de guerra, incluyendo fusiles automáticos, pistolas, granadas y una trampa explosiva instalada para disparar contra quien intentara ingresar. El hallazgo confirmó el nivel de preparación y peligrosidad del hombre que había desatado el caos esa mañana, revelando su intención de resistir a toda costa la acción policial.

El caso Nolli también tuvo consecuencias judiciales para sus cercanos y colaboradores. Varios de ellos fueron condenados por encubrimiento, asociación ilícita y otros delitos vinculados a la red que lideraba. Sin embargo, con el paso de los años, esas penas ya se dieron por cumplidas, lo que ha generado críticas y cuestionamientos sobre la efectividad del sistema judicial en la lucha contra el crimen organizado.

Quince años después, el caso Nolli sigue siendo un punto de referencia en la historia reciente de la seguridad en Chile. No solo por la violencia del episodio, sino porque evidenció los riesgos que enfrentan las fuerzas de orden al confrontar a un criminal dispuesto a morir antes que volver a la cárcel. La jornada del 23 de marzo de 2011 se convirtió en un símbolo de los límites más extremos de la violencia urbana y plantea la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención del delito y mejorar la capacitación de los funcionarios policiales. El recuerdo de Marcelo Morales y Karim Gallardo, los dos policías que entregaron su vida en cumplimiento del deber, sigue vivo en la memoria de la PDI y de toda la sociedad chilena. Su sacrificio nos recuerda la importancia de valorar y proteger a quienes velan por nuestra seguridad.

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