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Minnesota en Shock: El Miedo Silencioso que Aterra a Estudiantes y Maestros

El subdirector afirma que vive con miedo constante por sus estudiantes, el personal e incluso por sí mismo en su comunidad de Minnesota.

Minnesota en Shock: El Miedo Silencioso que Aterra a Estudiantes y Maestros

Marlon Batres, subdirector de Hiawatha Collegiate High School en Minneapolis, Minnesota, vive una pesadilla que se extiende más allá de las aulas. Su historia, revelada por CNN, es un reflejo del terror y la incertidumbre que ha sembrado la Operación Metro Surge del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en la comunidad, incluso después de que se redujera el número de agentes federales desplegados. Batres, un ciudadano estadounidense nacido en El Salvador, describe un ambiente de miedo constante, no solo por sus estudiantes y personal, sino también por su propia seguridad en su comunidad.

La sensación de seguridad de Batres se hizo añicos en diciembre, cuando agentes federales invadieron las calles alrededor de su escuela. A pesar de la promesa de una reducción de agentes por parte del zar de la frontera de la Casa Blanca, Tom Homan, Batres afirma seguir viendo la presencia de agentes de inmigración en las calles de Minneapolis. Lo más inquietante es que este miedo no discrimina: incluso una alumna nacida en Estados Unidos fue detenida y llevada a una instalación federal antes de ser liberada sin explicación ni compensación por el trauma infligido a ella y a su familia.

Batres reconoce la dificultad de transformar el miedo en fortaleza, pero se centra en mantener unida a su escuela y a su comunidad. Sin embargo, admite que es una tarea increíblemente difícil. Su experiencia refleja las preocupaciones de padres, educadores y autoridades que temen el impacto a largo plazo en los niños debido a la operación de detención masiva y el miedo que ha generado. “Esto nunca termina, y para nosotros nunca terminará”, declara Batres, enfatizando la necesidad de un apoyo continuo a los estudiantes y sus familias. Su preocupación no se centra en el presente inmediato, sino en las consecuencias a largo plazo que esta situación tendrá en el desarrollo y bienestar de sus estudiantes.

Las tácticas agresivas inicialmente desplegadas por el entonces jefe de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, Gregory Bovino, provocaron protestas y, trágicamente, las muertes de Renee Good y Alex Pretti. Si bien las operaciones han evolucionado hacia un enfoque más focalizado con menos agentes, los habitantes de Minnesota, como Batres, se muestran escépticos. Están acostumbrados a las “falsas primaveras”, períodos breves de mejora seguidos por un retorno a condiciones adversas, y temen que lo mismo pueda ocurrir con las acciones migratorias en su ciudad.

Batres recuerda con nostalgia los días en que sonreía al cruzar las puertas de Hiawatha Collegiate. Ahora, se arma de valor cada vez que se acerca a la escuela, un lugar que se siente cada vez más como un centro de crisis. El estrés en Hiawatha es palpable, casi sofocante. Tras responder a la pregunta “¿Estás bien?” con un rotundo “No”, Batres se detuvo, llevándose las manos a la boca mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. Su voz vaciló al continuar: “Esto no está bien”. A pesar de su angustia, expresa gratitud y orgullo por la solidaridad de la escuela y la comunidad, que han respondido organizando transporte para los estudiantes, donaciones de alimentos y otras formas de apoyo. Sin embargo, insiste en que la situación es insostenible y requiere una solución a largo plazo.

La Operación Metro Surge, lanzada el 1 de diciembre por el DHS, tuvo un impacto inmediato. Batres relata cómo agentes detuvieron a tres personas en solo 15 minutos a pocas cuadras de la escuela, mientras manifestantes se congregaban en las calles. “Mientras conducías, cada dos cuadras, escuchabas los silbatos”, describe Batres. “Escuchabas bocinazos. Fue surrealista. Es algo que solo te imaginarías ver en películas”. Un video mostrado a CNN muestra a agentes federales siguiendo a estudiantes hasta el campus, lo que llevó a la escuela a restringir el acceso con letreros.

El impacto de las acciones de los agentes se extendió al aula. La asistencia diaria de Hiawatha se desplomó, con cuatro de cada cinco estudiantes ausentes por miedo, lo que obligó a la escuela a implementar clases en línea. El auditorio escolar se transformó en una despensa abastecida con donaciones, que maestros y voluntarios entregan a familias demasiado asustadas para salir de sus hogares. Algunos estudiantes, incluso aquellos con solicitudes de asilo pendientes, han abandonado el país por temor a ser detenidos y deportados. Batres informa que algunas familias de su escuela han sido detenidas y conoce casos de jóvenes de 14 y 16 años que ahora dependen de tías y primos debido a la detención de sus padres.

El ambiente en los pasillos de la escuela ha cambiado drásticamente. “Hay silencio. Está vacío”, dice Batres. “Ha sido difícil venir a trabajar y estar bien para los estudiantes”. El DHS, en un comunicado de prensa, afirma haber arrestado a más de 4.000 inmigrantes indocumentados, incluyendo personas acusadas de delitos graves como asesinato, violación y terrorismo, durante la operación en Minneapolis, que en su punto álgido involucró a unos 3.000 agentes federales. Sin embargo, Homan advirtió que, incluso con un enfoque más selectivo, cualquier persona que se encuentre en el país ilegalmente corre el riesgo de ser detenida.

Minneapolis sufrió pérdidas económicas superiores a los 203 millones de dólares solo en enero, incluyendo salarios perdidos e ingresos comerciales. El alcalde Jacob Frey declaró que el daño causado por la Operación Metro Surge no desaparecerá con el fin de la operación, destacando la separación de familias, las pérdidas comerciales y la interrupción del aprendizaje de los estudiantes.

Batres, originario de El Salvador, personifica el sueño americano. Encontró un país y una comunidad que lo apoyaron y siguió todos los pasos legales para naturalizarse como ciudadano. Sin embargo, su fe en la promesa de Estados Unidos se ha visto sacudida. “Esto no es lo que se supone que es Estados Unidos”, afirma con tristeza.

Su mente regresa a las historias y la historia de sus abuelos en El Salvador durante la guerra civil de la década de 1980. La realidad que vivieron en su país natal pareció resurgir el primer día que vio los centros de detención alrededor de la escuela. “Ese día en particular, se sintió como los escuadrones de la muerte en El Salvador en los años 80, cuando simplemente se llevaban a la gente —gente, no criminales, solo gente— y se sintió demasiado familiar, demasiado de lo que mis abuelos temían cuando estábamos en El Salvador. Nunca imaginé que tendríamos esa sensación aquí en Estados Unidos”.

Ahora, Batres lleva consigo su pasaporte estadounidense para demostrar su ciudadanía, algo que nunca antes había considerado necesario. Incluso creó un documento para su equipo escolar que indica a quién contactar en caso de que sea detenido, una medida que considera más difícil de redactar que un testamento para sus hijas.

Hiawatha no es la única escuela en el área de Minneapolis-Saint Paul que experimenta este nuevo nivel de miedo. El personal y los estudiantes utilizan con frecuencia el lenguaje de la guerra y los ataques internos para describir su vida diaria. La escuela opera casi a diario en “confinamiento”, los maestros hablan de estar en las “líneas del frente” y de proteger a colegas inmigrantes o de color. Los protocolos de refugio en el lugar, diseñados para proteger a los niños de ataques activos, se activan cuando agentes de ICE están en el estacionamiento de la escuela.

Grace, una profesora bilingüe de inglés en Hiawatha, que pidió anonimato por temor a represalias, señala la dificultad de fingir normalidad cuando todos están experimentando tanto trauma. Recibe llamadas diarias de familias en crisis y le preocupan las consecuencias a largo plazo para la salud mental de los estudiantes y la suya propia.

Sin embargo, algunos estudiantes inmigrantes están mostrando resiliencia y enseñando a sus compañeros y profesores cómo afrontar la situación. Stephanie, una profesora de escuela secundaria que también prefirió permanecer en el anonimato, destaca la resiliencia inherente de los estudiantes inmigrantes y refugiados, quienes a menudo han experimentado situaciones similares en el pasado.

Batres se anima con esta resiliencia y la abraza. Considera las detenciones masivas de personas sin antecedentes penales como “lo más antiestadounidense” que ha experimentado. Pero también reconoce la bondad y la solidaridad que ha visto en su comunidad, con vecinos, militares y personas de todos los partidos políticos que se han ofrecido a ayudar. “Es un gesto humano, y de eso se trata este país”, concluye Batres, manteniendo una tenue esperanza en el futuro.

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