La emblemática figura de Lidia Satragno, Pinky para el público argentino, dejó una huella imborrable en la televisión y el espectáculo. Más allá de su carisma y talento, su vida privada siempre fue un terreno resguardado, salpicado de rumores y alguna que otra confesión reveladora. Ahora, a través de sus propias palabras y testimonios de su entorno, se reconstruye un recorrido amoroso que abarca desde un temprano noviazgo frustrado hasta un romance hollywoodense y un matrimonio icónico, marcado por la pasión y la reconciliación.
Los inicios de Pinky en el medio artístico estuvieron ligados al periodista Emilio Ariño. La relación, que prometía un futuro juntos, se vio truncada por la oposición de Amalia Sánchez Ariño, la abuela del novio, quien nunca llegó a aprobar a la joven aspirante a actriz. Este rechazo marcó el fin de un romance que, de haber prosperado, podría haber cambiado el rumbo de la vida de Pinky.
Sin embargo, el destino tenía otros planes. En 1962, durante el Festival de Cine de Mar del Plata, Pinky conoció a Paul Newman, una estrella en ascenso de Hollywood. El encuentro, descrito por la propia Pinky como una “aventura perfecta”, se produjo en un contexto personal delicado. La actriz, en ese momento, atravesaba una profunda crisis emocional y Canal 9, preocupado por su estado, la había enviado a Mar del Plata con la esperanza de distraerla.
“Yo estaba más rayada que un plumero. Había intentado matarme y Canal 9 tenía una inversión muy grande en mí, y estaban desesperados. El gerente venía a mi casa a darme de comer en la boca. Me mandaron a Mar del Plata para que me distrajera y no pude transmitir porque hubo problemas técnicos, pero quisieron que me quedara”, recordó Pinky en una entrevista.
El encuentro con Newman fue fortuito. Sentada a la cabecera de una mesa en un almuerzo del club de golf, Pinky se encontró con el actor sentándose a su lado. A pesar de su reticencia inicial, y gracias a la insistencia de su amiga Micu, aceptó acompañarlo a la fiesta de la película.
“Él estaba fascinado porque las mujeres le metían mano y a veces lo lastimaban, en cambio si iba conmigo le abrían paso. ¿Si me gustaba? No lo había tenido en cuenta. ¿Si pasó algo con él? Pasó de todo (risas). Me dio todos sus números de teléfono”, confesó Pinky con una sonrisa.
A pesar del intercambio de números telefónicos, Pinky nunca llegó a llamar a Newman. Sin embargo, mantuvieron contacto a través de una amiga en común, intercambiando mensajes que testimoniaban una conexión especial.
“Le pidió al chofer que nos llevara a dar una vuelta grande y fuimos de Constitución al Faro. La gente famosa y reconocida a veces se queda muy sola, y ese es el salto al vacío. Habló mucho en ese viaje y terminó diciendo que cuando uno vive estas circunstancias, si es una persona inteligente, o tolera lo que viene o se dedica a otra cosa. Esa soledad aparece de a ratos. Era un sol de ojos azules. Lo nuestro fue algo natural, que se deslizó. Yo lo tomé como lo que era: una aventura apasionante que tenía un principio y un final”, relató Pinky, reservándose el remate de la historia.
Para Pinky, Newman fue un “ángel salvador”, una figura que la ayudó a sobrellevar los altibajos de la fama y a encontrar una nueva perspectiva de la vida.
Pero el gran amor de Pinky fue Raúl Lavié. Su historia comenzó en los pasillos del viejo Canal 7, durante un show de Lucho Gatica. Fue un flechazo instantáneo que rápidamente se convirtió en una de las parejas más icónicas del espectáculo argentino en los años 70.
Se casaron en 1964 y tuvieron dos hijos, Leonardo y Gastón. Compartieron escenarios y recorrieron el país con un espectáculo de música y poesía. Sin embargo, después de diez años de matrimonio, la relación llegó a su fin, supuestamente debido a las infidelidades del cantante.
“Él me decía que se casó conmigo porque fue el único que se animó a estar conmigo y es totalmente cierto”, reveló Pinky en una entrevista.
A pesar de la separación, Pinky y Lavié lograron reconstruir su relación con el paso del tiempo. La muerte de Leonardo en 2019 los unió aún más, y Pinky encontró en Lavié un apoyo incondicional durante su profunda depresión.
“Me gustó reconciliarme con Lavié y ver crecer a nuestros hijos y a nuestros nietos y poder estar hablando así, frente a frente, sin rencores”, confesó Pinky en sus últimas entrevistas.
En cuanto a otros rumores de romances, Pinky siempre fue discreta. Se habló de un supuesto affaire con el político, pero nunca fue confirmado. También se mencionó una relación con Cacho Fontana, pero ambos negaron rotundamente, asegurando que eran solo amigos y colegas. Sin embargo, Fontana confesó estar enamorado de Pinky, quien, según él, se hacía la desentendida porque se consideraban “como hermanos”.
El reencuentro de Pinky y Fontana en una clínica de rehabilitación, donde pasaron sus últimos días acompañándose, fue un final conmovedor para una amistad que trascendió los años y las especulaciones.
La vida amorosa de Pinky Satragno fue un mosaico de pasiones, secretos y reconciliaciones. Una historia marcada por la fama, la aventura y el amor verdadero, que dejó una huella imborrable en el corazón de quienes la conocieron y admiraron. Su legado, más allá de su talento como artista, reside en su autenticidad y su capacidad para reinventarse a lo largo de una vida llena de desafíos y emociones.


