La escalada bélica en Oriente Próximo está generando una onda expansiva económica que golpea con fuerza al sector agrícola andaluz, amenazando con un encarecimiento generalizado de los alimentos en las próximas semanas. El aumento vertiginoso de los costes de producción, especialmente en fertilizantes y gasóleo agrícola, está poniendo en jaque a los agricultores y previsiblemente se trasladará directamente al bolsillo de los consumidores.
En apenas una semana, el precio de la urea, fertilizante esencial para la mayoría de los cultivos, ha experimentado un incremento del 30%, superando los 600 euros por tonelada. Este repunte se produce en un momento crítico, coincidiendo con la campaña de abonado de cobertera, cuando la demanda de fertilizantes alcanza su punto álgido. Paralelamente, el gasóleo agrícola ha visto su precio incrementarse en más de un 35%, pasando de 0,96 euros/litro a 1,30 euros/litro de media. A estos aumentos se suma la subida generalizada de los precios de la energía, que encarece todos los procesos productivos, desde el funcionamiento de la maquinaria agrícola hasta el transporte de las cosechas.
Andalucía, donde el sector primario representa una parte significativa de la economía regional, es especialmente vulnerable a estos impactos. La Unión de Agricultores ha señalado que las zonas con mayor concentración de explotaciones, como el Bajo Guadalquivir en Sevilla, son las que registran los precios más elevados para el gasóleo. Los agricultores advierten que estos sobrecostes, sumados a las pérdidas ocasionadas por las recientes borrascas, están creando una “tormenta perfecta” que inevitablemente se traducirá en un aumento de los precios de frutas, hortalizas, carnes y cereales.
Álvaro González Zafra, director general de la Confederación Andaluza de Empresarios de Alimentación y Perfumería (CAEA), confirma esta tendencia y señala que el sector alimentario está siendo “prudente” a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos. Sin embargo, reconoce que el sector agrícola, el primer eslabón de la cadena alimentaria, ya está sufriendo las consecuencias de la subida de costes. “Tenemos muy presente la crisis inflacionista provocada por la guerra de Ucrania porque estamos viendo que se están dando los mismos pasos”, comenta González Zafra, quien advierte que, aunque por el momento no se han producido subidas de precios en los lineales de los supermercados, es previsible que se produzcan en las próximas semanas.
La eficiencia de la cadena alimentaria española y la capacidad de adaptación de la distribución podrían actuar como un dique de contención para mitigar las subidas, tal como ocurrió durante la crisis ucraniana. No obstante, los expertos coinciden en que el impacto en el bolsillo de los consumidores será inevitable.
Javier Santacruz, economista, explica que la guerra y el posible bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía crucial para el transporte de energía y gas, han generado tensiones en los precios de estos productos. El gas, en particular, tiene una logística más rígida y su coste está estrechamente relacionado con el precio de los fertilizantes, ya que es una materia prima esencial en la producción de amoniaco, un componente clave de los abonos. Además, la creciente demanda de fertilizantes por parte de China, el principal consumidor global, está contribuyendo a la subida de precios.
Sin embargo, Santacruz se muestra algo más optimista que en el caso de la guerra de Ucrania, argumentando que Europa ha reforzado sus almacenes de materias primas y diversificado sus fuentes de suministro de gas en los últimos años. Manuel Hidalgo, otro economista, coincide en que el impacto de la actual crisis no será tan severo como el de la guerra rusa, aunque todo dependerá de la duración del conflicto.
“La pregunta no es si llegará a la cesta de la compra o no, sino en cuánto lo hará”, afirma Hidalgo, quien subraya que la duración del conflicto será determinante para el impacto final en los precios. La incertidumbre es palpable y los agricultores andaluces se enfrentan a un futuro incierto, con costes de producción en constante aumento y la amenaza de una disminución de la rentabilidad de sus explotaciones.
La situación exige medidas urgentes para apoyar al sector agrícola y proteger a los consumidores. Los agricultores reclaman ayudas directas para paliar los sobrecostes y garantizar la viabilidad de sus explotaciones. Asimismo, se insta a las autoridades a buscar alternativas para diversificar las fuentes de suministro de fertilizantes y gasóleo, y a promover el uso de energías renovables en el sector agrícola.
La guerra en Oriente Próximo no solo tiene consecuencias humanitarias y geopolíticas, sino que también está generando un impacto económico significativo en sectores clave como la agricultura. El encarecimiento de los alimentos es una amenaza real que podría afectar a millones de personas, especialmente a las más vulnerables. La colaboración entre gobiernos, empresas y agricultores es fundamental para hacer frente a esta crisis y garantizar la seguridad alimentaria.
La Confederación Andaluza de Agricultores y Ganaderos (COAG) ha solicitado una reunión urgente con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para abordar esta situación y exigir medidas concretas para proteger al sector. COAG ha advertido que la subida de los precios de los fertilizantes y el gasóleo podría llevar a la quiebra a muchas explotaciones agrícolas, especialmente a las más pequeñas y familiares.
La crisis también podría tener un impacto negativo en el empleo rural, ya que la disminución de la rentabilidad de las explotaciones podría obligar a los agricultores a reducir su plantilla. Esto agravaría aún más la situación económica en las zonas rurales, que ya sufren de despoblación y falta de oportunidades.
En definitiva, la guerra en Oriente Próximo está generando una crisis económica que amenaza con afectar a todos los eslabones de la cadena alimentaria, desde los agricultores hasta los consumidores. La situación exige una respuesta rápida y coordinada para proteger al sector agrícola, garantizar la seguridad alimentaria y evitar un aumento descontrolado de los precios de los alimentos. La incertidumbre es alta, pero la necesidad de actuar es urgente.


