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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desatado una tormenta diplomática y geopolítica al anunciar la formación de una nueva “coalición militar” destinada a combatir los cárteles de la droga en Latinoamérica. El anuncio, realizado durante la cumbre ‘Escudo de las Américas’ celebrada en Miami, ha generado controversia y preocupación debido a la exclusión de naciones clave y la naturaleza agresiva de la propuesta.
La cumbre, a la que asistieron doce líderes de derecha de la región, así como el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, se centró en la promesa de Trump de utilizar la “fuerza militar letal” para “destruir” a los cárteles. El mandatario estadounidense no escatimó en críticas hacia aquellos gobiernos que, según él, no están tomando medidas suficientes para combatir el narcotráfico, especialmente México, al que calificó de “epicentro de la violencia” y ridiculizó a su presidenta, Claudia Sheinbaum, por rechazar la ayuda estadounidense.
“En este día histórico nos reunimos para anunciar una nueva coalición militar para erradicar los carteles criminales que asolan nuestra región”, declaró Trump ante los mandatarios presentes. “De una vez por todas, nos desharemos de ellos. Necesitamos su ayuda. Solo tienen que decirnos dónde están”. La declaración, cargada de retórica belicista, subraya la intención de Washington de tomar un papel más activo y directo en la lucha contra el narcotráfico, incluso si eso implica una intervención militar en territorio latinoamericano.
La exclusión de países con gobiernos progresistas como México, Brasil y Colombia ha sido ampliamente criticada como un acto de polarización y una falta de respeto hacia la soberanía de estas naciones. La decisión de Trump de invitar únicamente a líderes de derecha sugiere que la coalición militar se basa en una agenda política específica y que busca consolidar el poder de los gobiernos afines a Estados Unidos en la región.
Los mandatarios que asistieron a la cumbre fueron Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Rodrigo Chávez (Costa Rica), Luis Abinader (República Dominicana), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Irfaan Ali (Guyana), Nasry ‘Tito’ Asfura (Honduras), José Raúl Mulino (Panamá), Santiago Peña (Paraguay) y Kamla Persad-Bissessar (Trinidad y Tobago). La presencia de Bukele, conocido por sus controvertidas políticas de seguridad y su mano dura contra las pandillas, es particularmente significativa, ya que sugiere que la coalición militar podría estar dispuesta a tolerar o incluso apoyar tácticas autoritarias en la lucha contra el narcotráfico.
Trump prometió que la campaña contra los cárteles será aún más intensa que la realizada en Venezuela antes de la captura de Nicolás Maduro, refiriéndose a las acusaciones de que Estados Unidos intentó interceptar embarcaciones cargadas de drogas en aguas caribeñas. Esta promesa de escalada sugiere que la coalición militar podría llevar a cabo operaciones encubiertas y acciones militares directas en territorio latinoamericano, lo que podría tener consecuencias impredecibles para la estabilidad regional.
La iniciativa de Trump ha generado una ola de reacciones a nivel internacional. Algunos analistas argumentan que la coalición militar podría ser efectiva para desmantelar los cárteles y reducir el flujo de drogas hacia Estados Unidos. Sin embargo, otros advierten que una intervención militar podría exacerbar la violencia, desestabilizar la región y violar la soberanía de los países latinoamericanos.
La historia de la lucha contra el narcotráfico en Latinoamérica está plagada de fracasos y consecuencias no deseadas. La “guerra contra las drogas” lanzada por Estados Unidos en las décadas de 1980 y 1990 resultó en un aumento de la violencia, la corrupción y la represión en la región, sin lograr erradicar el problema. Muchos expertos creen que una nueva intervención militar solo repetirá los errores del pasado.
Además, la falta de transparencia y la exclusión de países clave plantean serias dudas sobre la legitimidad y la efectividad de la coalición militar. La decisión de Trump de no invitar a México, el país más afectado por la violencia de los cárteles, es particularmente preocupante. Sin la cooperación de México, la coalición militar tendrá dificultades para lograr sus objetivos.
La cumbre ‘Escudo de las Américas’ ha puesto de manifiesto las profundas divisiones políticas y la creciente influencia de Estados Unidos en Latinoamérica. La formación de la coalición militar representa un cambio significativo en la política exterior estadounidense hacia la región y podría tener consecuencias duraderas para la estabilidad y la soberanía de los países latinoamericanos. El futuro de la lucha contra el narcotráfico en Latinoamérica dependerá en gran medida de la forma en que se desarrolle esta nueva iniciativa y de la respuesta de los gobiernos de la región. La comunidad internacional observa con atención, temiendo una escalada de la violencia y una mayor polarización en un continente ya marcado por la desigualdad y la inestabilidad.


