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Trump Reconfigura América: ¿Nuevo Imperio o Vieja Doctrina?

El presidente ulino llega a Miami con los puertos de Balboa y Cristóbal recién transferidos; con este gesto, el mandatario anula la vieja sospecha de Washington sobre la influencia china sobre el Canal.

Trump Reconfigura América: ¿Nuevo Imperio o Vieja Doctrina?

PANAMÁ, 6 de marzo de 2024 – El presidente panameño José Raúl Mulino viajó este viernes a Miami para participar en una cumbre de alto nivel organizada por el expresidente y actual candidato Donald Trump, un encuentro que muchos analistas describen como un intento de redefinir la influencia estadounidense en América Latina y, potencialmente, actualizar la Doctrina Monroe. La reunión, denominada “Escudo de las Américas”, reunirá a Mulino con Trump y otros 11 mandatarios en el Trump National Doral, transformado por un día en un centro neurálgico de la diplomacia regional.

La Casa Blanca ha declarado que el objetivo de la cumbre es “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región”, pero la realidad es mucho más compleja. Este encuentro, concebido por Trump mucho antes de la actual crisis en Medio Oriente, se enmarca en una estrategia de seguridad nacional más amplia que busca reforzar el liderazgo de Estados Unidos en el continente y, según fuentes cercanas a la administración, actualizar la Doctrina Monroe, el principio de política exterior estadounidense de 1823 que esencialmente proclamaba “América para los americanos”.

La cumbre se produce en un contexto geopolítico particularmente tenso, apenas 63 días después de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Venezuela por fuerzas estadounidenses. La pareja fue trasladada a una cárcel en Nueva York el 3 de enero de 2026, donde enfrentan cargos por narcotráfico, un golpe directo al régimen chavista y una clara señal de la determinación de Washington de combatir el crimen organizado en la región.

La lista de invitados a la cumbre es reveladora. Trump ha convocado a líderes con inclinaciones ideológicas similares a las de su administración, incluyendo a Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador) y Santiago Peña (Paraguay). Estos mandatarios representan una nueva ola de liderazgo en América Latina, caracterizada por posturas conservadoras y una disposición a colaborar estrechamente con Estados Unidos.

La ausencia de países clave como México, Brasil, Colombia, Uruguay y Guatemala es igualmente significativa. México, el mayor socio comercial de Estados Unidos dentro del T-MEC y su vecino más cercano, no recibió invitación, lo que sugiere una creciente distancia entre Washington y Ciudad de México. La exclusión de Brasil y Colombia, potencias regionales con una larga tradición de independencia en política exterior, también indica un intento deliberado de construir un bloque de países alineados con la agenda estadounidense.

El presidente Mulino reconoció la falta de una estructura formal para la cumbre durante una conferencia de prensa el jueves 5 de marzo. “En realidad no hay un formato muy definido”, admitió, describiendo el encuentro como un almuerzo entre 12 presidentes y Trump, con una agenda que se adaptará a la importancia que Washington le otorgue a cada país y a su capacidad de responder a las inquietudes del expresidente.

Sin embargo, Panamá tiene una ventaja estratégica única: el Canal. Esta vía interoceánica, que mueve alrededor del 5% del comercio mundial y conecta los océanos Atlántico y Pacífico en menos de 24 horas, siempre ha sido considerada un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos.

Durante su segundo mandato, Trump ha expresado repetidamente su deseo de “recuperar” el control del Canal, cuestionando las tarifas que pagan los buques estadounidenses y advirtiendo sobre la creciente influencia china en su operación. La narrativa de Washington se centra en la idea de que el control del Canal por parte de China representa una amenaza estratégica para la seguridad nacional estadounidense.

Pero la cumbre no se limita al narcotráfico y la migración, aunque estos temas estén en la agenda oficial. La escalada del conflicto en Medio Oriente, con el intercambio de misiles entre Israel e Irán, dominará gran parte de la conversación. Washington acusa a Teherán de financiar a Hezbollah a través de negocios con carteles de la droga en México y Colombia, y de mantener células durmientes del grupo libanés en Ciudad del Este, Paraguay. Un tribunal argentino ya ha dictaminado que los atentados de 1992 y 1994 en Buenos Aires fueron perpetrados por Hezbollah con el financiamiento de Irán.

Panamá conoce bien esta amenaza. El país acogió durante años a Ali Zaki Hage Jalil, señalado como uno de los implicados en el atentado contra el vuelo 901 de Alas Chiricanas en 1994, que causó la muerte de 21 personas de la comunidad judía. Su captura, coordinada por Interpol y las autoridades panameñas, demuestra la determinación de Panamá de combatir el terrorismo.

Además de Irán, otro fantasma planea sobre la cumbre: China. El objetivo de Trump es consolidar un bloque de países afines a Washington y frenar lo que Estados Unidos considera “el avance chino” en América Latina. En los últimos años, China ha aumentado significativamente sus inversiones en infraestructura, energía y telecomunicaciones en la región, lo que preocupa a Washington.

Panamá llega a esta cumbre en un momento políticamente favorable para Mulino. Recientemente, entregó los puertos de Balboa y Cristóbal a operadores aliados de Estados Unidos, un movimiento que tiene un peso considerable en la mesa de negociaciones. Desde que asumió el cargo el 20 de enero de 2025, Trump ha manifestado su interés en retomar el control de la operación del Canal, argumentando que China lo controla a través de la empresa CK Hutchison Holdings, que opera los puertos a ambos lados de la vía interoceánica.

La narrativa de Washington sostiene que el control de estos puertos representa una amenaza estratégica debido a la influencia del capital chino en los puntos de entrada y salida del Canal. La foto de la cumbre servirá como un mensaje político previo al encuentro bilateral entre Trump y Xi Jinping, previsto para finales de marzo. Los líderes que aparezcan en la imagen quedarán, implícitamente, del lado de Estados Unidos.

Mulino ya ha tomado una posición clara al respecto. Recientemente declaró que China necesita más a Panamá que Panamá a China, una tesis que comparte Leland Lazarus, investigador en relaciones entre Estados Unidos y China y exfuncionario del Departamento de Estado. “China necesita a Panamá más que Panamá a China”, afirmó durante una visita al país en enero pasado, recordando que el Canal es vital para el comercio chino.

En definitiva, la cumbre de Trump representa un momento crucial para Panamá. Con el Canal a cuestas, los puertos recién transferidos y una relación bilateral que depende de lo que Mulino esté dispuesto a comprometer, el presidente panameño se enfrenta a un delicado equilibrio entre la defensa de los intereses nacionales y la búsqueda de una relación estratégica con Estados Unidos. El resultado de esta cumbre podría redefinir el futuro de Panamá y el equilibrio de poder en América Latina.

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