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Un reciente estudio del Observatorio del Envejecimiento UC y Confuturo revela una preocupante brecha en el acceso a la cultura para los adultos mayores en Chile. Solo un 36,6% de las personas mayores de 70 años participa activamente en actividades culturales, una cifra que se reduce al 34% entre aquellos que se encuentran en los estratos socioeconómicos más bajos. Este hallazgo, basado en datos de la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector (ENPCCL) 2024 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, pone de manifiesto una realidad alarmante: la cultura, un pilar fundamental para el bienestar y la calidad de vida en la adultez mayor, está siendo inaccesible para una porción significativa de la población.
La definición de participación cultural utilizada en el estudio abarca la asistencia a una variedad de eventos e instituciones durante los últimos doce meses, incluyendo obras de teatro, conciertos, danza, cine, exposiciones de arte, celebraciones como el Día del Patrimonio, así como visitas a bibliotecas, museos y sitios de memoria. A pesar de la amplia gama de opciones disponibles, la participación se mantiene notablemente baja, lo que exige una reflexión profunda sobre las barreras que impiden a los adultos mayores disfrutar de estos beneficios.
El estudio identifica una serie de obstáculos que contribuyen a esta situación. La falta de compañía emerge como un factor crucial, ya que muchos adultos mayores se sienten más seguros y motivados a participar en actividades culturales cuando pueden hacerlo en compañía de amigos o familiares. La escasa difusión de la programación cultural también juega un papel importante, ya que muchos desconocen las opciones disponibles o no reciben información oportuna sobre los eventos que se ofrecen. Las condiciones climáticas adversas, la percepción de una oferta cultural poco diversa y la creciente dependencia de los medios digitales para informarse son otros factores que limitan el acceso a la cultura.
Sin embargo, el obstáculo más recurrente en los testimonios recogidos durante el estudio es el temor a la inseguridad, especialmente al desplazarse por la ciudad durante la noche. Este miedo, exacerbado por la delincuencia, obliga a muchos adultos mayores a restringir sus actividades y a permanecer en sus hogares, perdiendo así la oportunidad de disfrutar de los beneficios que la cultura puede ofrecer.
Isabel, una de las participantes del estudio, relata su frustración: “Eso para mí ha sido terrible, porque una se tiene que encerrar temprano y yo, como mujer mayor, la verdad es que me siento vulnerable ya y me da una rabia absoluta”. Su testimonio refleja la realidad de muchas mujeres mayores que se sienten especialmente inseguras al caminar solas por la calle, especialmente después de un evento cultural.
Nelson, otro participante, pone el foco en la desigualdad en el acceso a la información cultural: “A veces me entero de forma tardía de algunas cosas (…) esto de la difusión es algo tan relativo (…) Si tú te encierras, no te vas a enterar nunca de la oferta que hay. La cultura es un montón de cosas, pero generalmente está vinculada con el arte y esos accesos parecen insuficientes… ¿por la difusión?, ¿por el interés?, ¿porque la comunicación no es adecuada? No sé, pueden ser todas las anteriores”. Su comentario subraya la necesidad de mejorar la comunicación y la difusión de la programación cultural, asegurando que llegue a todos los sectores de la población, especialmente a aquellos que tienen menos acceso a los medios digitales.
La importancia de abordar esta problemática radica en los múltiples beneficios que la participación en actividades culturales aporta a la salud y el bienestar de los adultos mayores. Numerosas investigaciones han demostrado que la participación regular en actividades culturales contribuye a fortalecer la vida social, reducir el deterioro cognitivo, disminuir el riesgo de depresión y favorecer la construcción de redes de apoyo e interacción.
Estudios internacionales, como los realizados por Fancourt y Steptoe (2018), han evidenciado que la participación regular en actividades culturales se vincula con un declive cognitivo significativamente menor. La estimulación intelectual y social que ofrecen estas prácticas actúa como un factor protector, manteniendo la mente activa y previniendo enfermedades neurodegenerativas.
Asimismo, Fancourt y Tymoszuk (2019) demostraron que una mayor frecuencia de compromiso cultural reduce el riesgo de depresión, sugiriendo que estas actividades fortalecen la resiliencia emocional mediante la construcción de redes significativas de interacción. La cultura proporciona un espacio para la conexión social, el intercambio de ideas y la expresión creativa, lo que contribuye a mejorar el estado de ánimo y a reducir el estrés.
Ante este panorama, los especialistas coinciden en que es fundamental mejorar el acceso a la oferta cultural para los adultos mayores. Esto implica una serie de medidas, como aumentar la difusión de la programación cultural, ofrecer actividades en horarios más accesibles, facilitar el acompañamiento a los eventos culturales y garantizar la seguridad de los asistentes, especialmente durante la noche.
Se podrían implementar estrategias como la creación de programas de transporte seguro para adultos mayores, la organización de actividades culturales en lugares cercanos a sus hogares, la promoción de eventos culturales diurnos y la colaboración con organizaciones comunitarias para ofrecer acompañamiento y apoyo.
Además, es crucial adaptar la oferta cultural a las necesidades e intereses de los adultos mayores, ofreciendo actividades que sean relevantes y significativas para ellos. Esto podría incluir talleres de arte, clases de música, visitas guiadas a museos y sitios históricos, y proyecciones de películas clásicas.
En definitiva, garantizar el acceso a la cultura para los adultos mayores no es solo una cuestión de justicia social, sino también una inversión en su bienestar y calidad de vida. Al brindarles la oportunidad de participar activamente en la vida cultural de la sociedad, estamos contribuyendo a que envejezcan de manera saludable, activa y plena. La cultura no es un lujo, sino una necesidad básica para el desarrollo humano, y todos, sin importar su edad, tienen derecho a disfrutar de sus beneficios.


