San José, Costa Rica – Fernando “Bocha” Batista asumió ayer el cargo de director técnico de la Selección Nacional de Costa Rica en una conferencia de prensa que marcó un claro contraste con la gestión de su predecesor, Gustavo Alfaro. El evento, celebrado en el Teatro 1887 del Centro Nacional de la Cultura, estuvo marcado por la sobriedad y la franqueza del nuevo entrenador, quien prometió recuperar la confianza de una afición profundamente decepcionada tras el fracaso en la clasificación para el Mundial de Norteamérica 2026.
Batista, vestido completamente de negro, llegó puntual a la cita, acompañado por Osael Maroto, presidente de la Federación Costarricense de Fútbol. La elección del color, según algunos presentes, no era un presagio fúnebre, sino el anuncio de un nuevo comienzo, un renacimiento para el fútbol tico. La atmósfera era de esperanza, de ilusión, de la necesidad imperiosa de reconstruir una selección que ha perdido credibilidad en los últimos tiempos.
El “Bocha” Batista es un hombre de rostro expresivo, pero durante la conferencia mantuvo un perfil bajo, evitando gestos exuberantes y concentrándose en responder con precisión y claridad a las preguntas de los periodistas. Se le notó tranquilo, sereno, sin la exaltación que caracterizaba a Alfaro. Su actitud reflejaba un enfoque pragmático y directo, muy diferente al estilo más lírico y discursivo del “Lechuga”.
Uno de los principales desafíos que enfrenta Batista es, sin duda, reconquistar el corazón de la afición costarricense. La pregunta sobre cómo lograrlo fue recurrente durante la conferencia. La respuesta del entrenador fue contundente y sencilla: “Jugando bien al fútbol, tratando de que se sientan bien identificados con la Selección y esa es la manera de poner esa empatía con la afición y el equipo. Uno es el entrenador y comanda, uno sabe el contexto de lo que pasó, que no se pudo clasificar, y no es ajeno a eso. Ojalá en cada partido vayamos consiguiendo esto y buscando logros importantes para estar todos unidos”.
Esta respuesta fue inteligente porque abordó un aspecto que se echó en falta durante la gestión de Alfaro: la consolidación de un estilo de juego definido y reconocible. La afición costarricense anhela ver un equipo con una identidad clara, que juegue con pasión y determinación.
Durante la conferencia, el nombre de Alfaro fue mencionado en varias ocasiones. Batista se esforzó por dejar claro que, si bien agradece la recomendación de su antecesor, él tiene su propia identidad como entrenador. “Cada entrenador tiene su impronta. No hay dos iguales. Uno conoce a Gustavo y cómo trabaja, pero yo tengo mi propia identidad. No puedo decir que juego igual a él o al revés, o que juego igual que cualquier otro entrenador, pues cada uno tiene su identidad”, afirmó.
Otra diferencia notable entre Batista y Alfaro es la concisión de sus respuestas. Mientras que Alfaro solía extenderse durante largos minutos en sus explicaciones, Batista se limita a responder de manera directa y precisa, sin adornos innecesarios. Esto permitió que la conferencia se mantuviera dentro de una hora, a pesar de la gran cantidad de medios presentes.
Batista demostró un conocimiento profundo del fútbol costarricense y de las necesidades de la selección. No se dejó sorprender por ninguna pregunta, incluso cuando le consultaron sobre su conocimiento del medio tico. “Conocimiento lo tengo. Yo, en el último año, siendo técnico de Venezuela, venía analizando mucho a Costa Rica y a otras selecciones, porque podría haber sido un eventual partido en repechaje, también en Copa América con Gustavo Alfaro”, explicó.
El entrenador también destacó la importancia de brindar oportunidades a los jugadores costarricenses que militan en el extranjero, ayudándolos a desarrollarse en las mejores ligas del mundo. “Poder darle la posibilidad a muchos jugadores en el extranjero y ayudarlos a estar en las mejores ligas es algo muy importante. Eso, junto al trabajo con los jugadores del medio local, es clave para el desarrollo del proceso”, señaló.
Batista anunció que vivirá y trabajará en Costa Rica, asistiendo a los partidos del campeonato nacional y siguiendo de cerca los entrenamientos y las novedades del fútbol local. No quiere ser un entrenador que se limite a viajar y a llenar su pasaporte de sellos sin involucrarse en la realidad del fútbol costarricense.
La mirada penetrante e incisiva de Batista, que se hizo evidente en las fotografías de la conferencia, refleja su atención al detalle y su determinación para llevar a Costa Rica de vuelta al Mundial. El objetivo es claro: clasificar para el Mundial de 2030, que se jugará en parte en Argentina, el país natal del entrenador.
El “Bocha” Batista quiere demostrar que está más fresco que una lechuga, con energías renovadas y la fuerza necesaria para asumir un reto que no es sencillo: reconstruir una selección desde cero y recuperar la confianza de una afición desilusionada. Su enfoque pragmático, su franqueza y su conocimiento del fútbol costarricense son señales positivas para el futuro del fútbol tico. La tarea es ardua, pero Batista se muestra confiado en que, jugando bien al fútbol y conectando con la afición, podrá lograr el éxito.
