Un camión de reparto de gaseosas sin control se estrelló contra una vivienda en el barrio Flor de Bastión, resultando en la muerte de un motociclista y dejando a ocho miembros de una familia sin hogar. El incidente, ocurrido el viernes 27 de febrero, ha desatado una ola de indignación y reclamos por la falta de responsabilidad de la empresa propietaria del vehículo.
Ricardo Crespín y su exesposa, María Franco, vivieron momentos de angustia al enterarse de la tragedia mientras celebraban el cumpleaños de su hija. “A medio camino me dijeron que un carro se había metido a la casa. Tuvimos que volver de inmediato”, relató Ricardo, visiblemente afectado. Al regresar a su hogar, en el bloque 6 de Flor de Bastión, se encontraron con una escena devastadora: parte de su vivienda había sido arrasada por el impacto del camión.
Según los testimonios de vecinos, el camión había sido estacionado en una loma del sector mientras los trabajadores realizaban entregas en una despensa cercana. Las cámaras de seguridad captaron el momento exacto en que el vehículo perdió el control y comenzó a descender a gran velocidad por la pendiente, sin que se activaran los frenos.
En su trayectoria descendente, el camión embistió a un trabajador de otra empresa de gaseosas que se desplazaba en motocicleta. La víctima, que se había detenido en una tienda para tomar pedidos, intentó encender su vehículo, pero fue demasiado tarde. Fue arrollado y arrastrado por aproximadamente 90 metros hasta que el camión finalmente se estrelló contra la vivienda de la familia Crespín, causándole la muerte instantáneamente.
El caos posterior al impacto se vio agravado por la reacción de algunas personas que se abalanzaron sobre la carga del camión, aprovechando la situación para saquear los productos. Vecinos y familiares intentaron contener a la multitud, pero la situación se tornó difícil de controlar. Testigos denunciaron que incluso “bolsiquearon al fallecido”, mostrando una falta de respeto y sensibilidad ante la tragedia.
Además, se acusó a los trabajadores de la empresa responsable del vehículo de haber actuado con total desinterés, retirando apresuradamente documentos y pertenencias del camión y gritando “llévense todo” antes de abandonar el lugar. Esta actitud ha generado aún más indignación entre los damnificados y la comunidad.
El daño material a la vivienda de Ricardo Crespín es inmenso. Ricardo explicó que perdió la mitad de su hogar y enseres básicos como cocina, muebles, televisor y camas. La estructura de la casa quedó gravemente comprometida, con pilares debilitados y vigas fracturadas que ya no pueden soportar el techo de manera segura. “La casa quedó inhabitable. Toca volver a construirla”, afirmó, estimando que las refacciones superarían los $6.000.
En la vivienda habitaban ocho personas, incluyendo una bebé de apenas 8 meses de edad. Tras el siniestro, todos fueron acogidos por familiares en Ciudad de Dios. “Hace 35 años vivimos aquí. Lo hemos perdido todo y nadie se ha responsabilizado por esto”, lamentó María Franco, con la voz entrecortada por el dolor.
La tragedia pudo haber sido aún mayor. María Franco expresó su alivio al saber que su hija y sus nietos no se encontraban en la habitación más afectada en el momento del impacto, ya que justo habían salido para celebrar el cumpleaños de la pequeña. “Dios es grande y no permitió que perdiera a mis hijos”, dijo agradecida.
Como medida provisional, Ricardo instaló planchas de zinc en la zona afectada con la ayuda de vecinos, pero la solución resultó insuficiente para proteger a la familia de las inclemencias del tiempo. Las lluvias recientes han evidenciado la gravedad de los daños, inundando la vivienda y haciéndola inhabitable. “Se entra toda el agua, aquí nos inundamos. Ya aquí no podemos vivir”, declaró.
La mañana del lunes 2 de marzo, dos días después del accidente, la vivienda presentaba un panorama desolador, similar a un escenario de guerra. Ricardo removía escombros en busca de objetos que aún pudieran ser útiles, encontrando entre los restos ropa, zapatos, juguetes de sus hijos, un equipo de sonido, una cocina y un juego de muebles.
En la parte de la casa que no fue destruida, lograron improvisar un espacio con dos camas, una refrigeradora y algunos utensilios de cocina. Ricardo y María se preparaban para acudir a la Fiscalía a presentar la denuncia correspondiente, esperando que se haga justicia y que la empresa responsable del camión asuma la responsabilidad por los daños causados.
El recorrido del camión también causó daños en otras viviendas cercanas. Elizabeth Suárez relató que la fachada de su casa fue impactada durante el descenso del vehículo. “Yo iba saliendo al mercado y veía que el camión venía lento, pero de un momento a otro empezó a coger velocidad. Cuando lo vi rapidito, alcancé a cruzar a la vereda de enfrente, porque si no, también me llevaba”, relató, aún conmocionada por lo sucedido.
El cerramiento metálico de su vivienda se dobló y cayó al suelo, y parte de la pared resultó destruida. Elizabeth contó que ya gastó cerca de $300 en reparaciones, sin incluir la mano de obra, y aún tiene pendientes otros arreglos.
Los damnificados han hecho un llamado urgente a las autoridades y a la empresa a cargo del camión, exigiendo que respondan por los daños humanos y materiales causados por esta terrible tragedia. La comunidad de Flor de Bastión espera una respuesta rápida y efectiva que les permita reconstruir sus vidas y superar este duro golpe.

