Una intensa tormenta azotó la región metropolitana de São Paulo el lunes 16 de febrero de 2026, provocando inundaciones devastadoras en Guarulhos y dejando un saldo de al menos cuatro personas ilhadas, además de un hallazgo macabro en la zona norte de la capital paulista. La situación, que generó alerta en toda la Gran São Paulo, puso a prueba la capacidad de respuesta de los cuerpos de emergencia y evidenció la vulnerabilidad de la infraestructura urbana ante fenómenos climáticos extremos.
La tarde del lunes se convirtió en una pesadilla para los habitantes de Guarulhos, donde las lluvias torrenciales transformaron calles y avenidas en ríos desbordados. El epicentro de la crisis se localizó en las proximidades de la Avenida Monteiro Lobato, a la altura del número 100, donde el agua alcanzó niveles alarmantes, inundando comercios, viviendas y vehículos. Imágenes impactantes que circularon rápidamente en redes sociales mostraron automóviles flotando a la deriva y personas aferradas a cualquier objeto que les permitiera evitar ser arrastradas por la corriente.
El Cuerpo de Bomberos actuó con rapidez y eficiencia para rescatar a las personas atrapadas por la inundación. Cuatro individuos fueron rescatados de situaciones de peligro inminente y trasladados a zonas seguras. Además, un total de 25 personas fueron evacuadas de la zona afectada, aunque, debido a la urgencia de la operación, su identificación completa aún no se había realizado al cierre de esta edición. Entre los evacuados se encontraban pasajeros de un autobús que quedó rodeado por el agua, quienes fueron rescatados sin sufrir lesiones.
Uno de los rescates más dramáticos involucró a una mujer que fue arrastrada por la corriente y quedó sumergida hasta el cuello. Los bomberos lograron llegar hasta ella y sacarla del agua antes de que fuera demasiado tarde. Las imágenes de personas aferradas a los retrovisores de los automóviles para evitar ser arrastradas por la fuerza del agua se convirtieron en un símbolo de la desesperación vivida durante la tormenta.
Mientras los equipos de rescate se esforzaban por atender la emergencia en Guarulhos, una noticia aún más sombría llegaba desde la zona norte de São Paulo. En el barrio de Mandaqui, fue encontrado el cuerpo de una persona, cuyas circunstancias de muerte aún no han sido esclarecidas. Las autoridades han iniciado una investigación para determinar las causas del fallecimiento y establecer si está relacionado con las fuertes lluvias que azotaron la región.
La tormenta que afectó a la Gran São Paulo también provocó la caída de 26 árboles y al menos tres llamados de emergencia por inundaciones, según informaron los bomberos. Ante la gravedad de la situación, la Defesa Civil del Estado de São Paulo emitió alertas a través de mensajes de texto a los teléfonos celulares de la región, advirtiendo sobre la posibilidad de lluvias intensas, rayos, vientos fuertes y granizo.
El Centro de Gerenciamento de Emergências Climáticas de la Prefeitura de São Paulo elevó el nivel de alerta en toda la capital a estado de atención alrededor de las 16:30 horas, instando a la población a tomar precauciones y evitar áreas de riesgo.
Este episodio pone de manifiesto la creciente vulnerabilidad de las ciudades brasileñas ante los efectos del cambio climático. Las lluvias torrenciales, cada vez más frecuentes e intensas, exigen una revisión urgente de la infraestructura urbana y la implementación de medidas de prevención y mitigación de riesgos. La falta de planificación urbana, la deforestación y la ocupación irregular del suelo contribuyen a agravar los efectos de las inundaciones, poniendo en peligro la vida de miles de personas.
Las autoridades locales han anunciado que se llevarán a cabo investigaciones para determinar las causas de las inundaciones en Guarulhos y evaluar los daños materiales. Se espera que se implementen medidas para mejorar el sistema de drenaje y prevenir futuros desastres. Sin embargo, la experiencia vivida el lunes 16 de febrero de 2026 sirve como un duro recordatorio de que la adaptación al cambio climático es una tarea urgente e ineludible. La inversión en infraestructura resiliente, la planificación urbana sostenible y la educación ambiental son fundamentales para proteger a la población y garantizar un futuro más seguro para las ciudades brasileñas. La tragedia en Guarulhos y el misterio en Mandaqui son un llamado de atención que no puede ser ignorado.


