Ginebra, Suiza – El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi, llegó este lunes a Ginebra para encabezar la segunda ronda de conversaciones “indirectas” con Estados Unidos sobre el programa nuclear de la República Islámica. La reunión, mediada por Omán, se produce tras una primera fase de contactos en Mascate a principios de febrero, y en un contexto de crecientes tensiones regionales y amenazas de intervención militar por parte de Washington.
La televisión estatal iraní informó de la llegada de Araqchi al frente de una delegación diplomática y técnica. Según fuentes del gobierno iraní, el objetivo de las conversaciones es alcanzar un “acuerdo justo y equitativo”, aunque Araqchi dejó claro en su cuenta de X (anteriormente Twitter) que “la rendición ante amenazas” no está sobre la mesa.
Antes de las negociaciones bilaterales, Araqchi mantuvo un encuentro con el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, para un “profundo intercambio técnico”, según informó el canciller iraní. Grossi, por su parte, precisó que la reunión sirvió para preparar las “importantes negociaciones previstas” en Ginebra. Araqchi también tiene previsto reunirse con sus homólogos de Suiza y Omán, así como con otros funcionarios internacionales.
El reinicio de los contactos entre Irán y EE.UU. se produce después de una interrupción abrupta en junio pasado, desencadenada por los bombardeos israelíes en territorio iraní. Estos ataques, que se dirigieron a infraestructuras nucleares, escalaron rápidamente hasta convertirse en un conflicto de 12 días, en el que Estados Unidos también participó con ataques contra instalaciones iraníes.
Si bien Irán insiste en que la agenda de las conversaciones debe centrarse exclusivamente en su programa nuclear, Estados Unidos busca ampliar la discusión para incluir el programa de misiles balísticos iraní y el apoyo que Teherán brinda a grupos armados en la región. Esta divergencia en los objetivos representa uno de los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo.
La delegación estadounidense estará encabezada, al igual que en la primera ronda de negociaciones, por Steve Witkoff, enviado especial del presidente Donald Trump, y su yerno, Jared Kushner. La Casa Blanca ha confirmado su participación, lo que subraya la importancia que Washington otorga a estas conversaciones.
Sin embargo, a pesar de la perspectiva de una nueva ronda de negociaciones, la administración Trump mantiene una postura agresiva hacia Irán. En medio de la feroz represión de las protestas que tuvieron lugar en enero en Irán, Trump amenazó con una intervención militar directa y envió un portaaviones a la región, acompañado de una flota de buques de combate. Posteriormente, confirmó el envío de un segundo portaaviones, intensificando la presión sobre Teherán.
“Hay que alcanzar un acuerdo, de lo contrario será muy traumatizante” para Irán, advirtió Trump, llegando incluso a afirmar que un cambio de régimen en Irán “sería lo mejor que podría pasar”. Estas declaraciones han sido ampliamente interpretadas como una amenaza velada y han aumentado la tensión en la región.
Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores iraní, Majid Takht-Ravanachi, declaró a la BBC que Teherán estaría dispuesto a considerar compromisos sobre su acopio de uranio si Washington levantara las sanciones económicas impuestas contra la República Islámica. “Si vemos sinceridad de su parte [de Estados Unidos], estoy seguro de que estaremos encaminados hacia un acuerdo”, afirmó.
La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de estas negociaciones. Países occidentales e Israel acusan a Irán de buscar desarrollar armas nucleares, acusación que Teherán niega rotundamente, insistiendo en que su programa nuclear tiene fines exclusivamente civiles, como la generación de energía.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha manifestado que cualquier acuerdo alcanzado debe implicar la retirada de todo el uranio enriquecido de Irán y garantizar que Teherán no pueda enriquecer más en el futuro. “No debería haber capacidad [iraní] de enriquecimiento”, declaró Netanyahu durante un discurso en Jerusalén, añadiendo que lo prioritario es desmantelar “los equipos y la infraestructura que les permite enriquecer” uranio.
La situación es extremadamente delicada y el riesgo de una escalada militar es real. La diplomacia se encuentra en una encrucijada, y el resultado de estas negociaciones podría tener consecuencias trascendentales para la estabilidad regional y global. La comunidad internacional espera que ambas partes demuestren la necesaria flexibilidad y voluntad política para evitar un conflicto catastrófico y encontrar una solución pacífica y duradera a la crisis nuclear iraní. El tiempo apremia, y la presión sobre los negociadores es enorme. La posibilidad de un acuerdo, aunque incierta, sigue siendo la única vía para evitar un escenario de consecuencias impredecibles.


