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El escritor arrepentido: De Madrid a Miami y vuelta, una confesión literaria

Hace más de tres décadas, cuando todavía no era un escritor, cuando soñaba con ser un escritor, me mudé a Madrid con la determinación suicida de gastar todos mis ahorros, un dinero no menor que había amasado gracias a mis apariciones en la televisión, dedicándome exclusivamente a escribir una novela.

El escritor arrepentido: De Madrid a Miami y vuelta, una confesión literaria

El reconocido escritor, cuya identidad prefiere mantener en reserva por el momento, ha revelado una historia personal llena de giros inesperados, arrepentimientos y una profunda reflexión sobre el precio del éxito. En la presentación de su última novela, “Los golpistas”, publicada por Galaxia Gutenberg, el autor compartió con un selecto grupo de periodistas una confesión íntima sobre su trayectoria, marcada por la tentación de la fama, el miedo al fracaso y el anhelo constante de regresar a sus raíces literarias en Madrid.

Hace más de tres décadas, el autor, aún un aspirante a escritor, se trasladó a Madrid con la determinación de dedicarse por completo a la escritura. Con los ahorros obtenidos de sus primeras apariciones en televisión, alquiló una habitación en el apartamento de un amigo, un escritor consagrado que se convirtió en su mentor. Este amigo le ofreció un consejo crucial: “Hagas lo que hagas, trata de ser tu propio jefe, el dueño de tu tiempo, y no un empleado al que puedan despedir”. Durante meses, el autor se sumergió en la escritura de su primera novela, experimentando una libertad creativa inigualable. “Sentí que yo era mi propio jefe, el jefe de mi tiempo, de la trama, de los personajes y los diálogos”, relató. “Sentí la insolente libertad de jugar a ser un pequeño dios vengativo, recreando el mundo a mi manera”.

Sin embargo, la incertidumbre económica y el temor al fracaso lo atormentaban. A pesar de tener recursos suficientes para continuar escribiendo durante un par de años más, la idea de quedarse en Madrid y arriesgarlo todo lo aterraba. Su amigo, dueño de una editorial de textos académicos, le ofreció un puesto como asistente, una propuesta noble y generosa. Pero el autor se encontraba en una situación irregular, con una visa de turista vencida, lo que le impedía aceptar el trabajo.

En ese momento, la novela avanzaba a buen ritmo, convirtiéndose en una especie de “conspiración” personal, una forma de ajustar cuentas con aquellos que lo habían herido: sus padres homofóbicos, sus curas homofóbicos, sus amantes homofóbicos. “No era una novela feliz porque las novelas felices nunca me han interesado”, afirmó. “Era triste y amarga, insolente y canalla, como la vida misma”.

Pero la oportunidad de un programa de televisión en Miami llegó como un espejismo, una vía de escape a sus miedos. Aunque su verdadero deseo era vivir en Madrid y dedicarse exclusivamente a la escritura, la oferta de Miami era demasiado tentadora: un programa de entrevistas con su nombre, una generosa compensación económica, una visa de trabajo y un coche nuevo. “Yo no quería vivir en Miami, haciendo televisión. Yo quería vivir en Madrid, como escritor a tiempo completo”, confesó. “Pero tenía miedo a encontrarme sin dinero, a que mi novela fuese ignorada por las editoriales españolas, a terminar sirviendo copas en un bar para ganarme la vida”.

La decisión fue agonizante, una batalla entre sus sueños y sus apetencias mundanas. Finalmente, cedió a la tentación y aceptó la oferta de Miami, silenciando al escritor en favor del periodista de televisión. “Acallé al escritor para dar voz al periodista de televisión”, admitió con pesar.

Sin embargo, el éxito en la televisión no le brindó la satisfacción que esperaba. “Yo fracasé”, reconoció. “Dejé de escribir la novela inacabada. El circo de la televisión me embobó por completo”. La fama y la fortuna se convirtieron en “venenos” que adormecían al escritor. Se sintió un “vendido”, un “mercenario”, atrapado en un mundo de frivolidades.

Dos años después, habiendo ahorrado suficiente dinero, abandonó la televisión y se trasladó a Washington, donde su novia estudiaba una maestría. Allí, retomó la escritura de su novela, con una renovada determinación. “El escritor se encontraba herido, pero no muerto”, afirmó. “Dos años después, habiendo ahorrado un buen dinero, mandé al carajo a la televisión y desaparecí del mapa, obstinado en terminar la novela que inicié en Madrid”.

Finalmente, la novela, publicada por una editorial de Barcelona, tuvo un éxito inesperado. Tras la graduación de su esposa y el nacimiento de su hija, el autor regresó a la televisión de Miami, esta vez con una perspectiva diferente.

Desde entonces, ha alternado la escritura con el trabajo en televisión, publicando numerosas novelas con diferentes editoriales. “Por lo visto, sí era posible escribir una novela cada dos o tres años y, sin herir de muerte al escritor, trabajar en la televisión”, reflexionó. “Pensé que para ser un escritor debía esconderme de la televisión. Estaba equivocado”.

En cada visita a Madrid, el autor revive el recuerdo de aquellos meses cruciales en los que comenzó su camino como escritor. Sueña con comprar el apartamento de su amigo, el mentor que le brindó su apoyo y consejo. “Si algún día vendes este piso, por favor escríbeme, que sueño con comprarlo, porque es aquí donde comenzó todo lo bueno”, le dirá a la hija de su amigo en su próxima visita. Su historia es un testimonio de la complejidad de la vida, la lucha entre los sueños y la realidad, y la búsqueda constante de la autenticidad.

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