La Luna podría convertirse en una estación de servicio espacial en tan solo 15 años, gracias a los avances de un equipo de investigadores europeos que están desarrollando una tecnología para extraer oxígeno del regolito lunar, la capa de polvo y piedra que cubre la superficie del satélite. Este logro, que ha sido reconocido con el premio ‘Space Resources Challenge’ de la Agencia Espacial Europea (ESA), podría revolucionar la exploración espacial, permitiendo misiones más largas y complejas al reducir la dependencia de los suministros terrestres.
Mateo Rejón, científico español del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y miembro clave del equipo ganador, explica que la idea principal es aprovechar los recursos disponibles en la Luna para evitar el costoso y poco eficiente transporte de materiales desde la Tierra. “Ahora nos llevamos todo en la nave y es muy caro e ineficiente, pero si extraemos el oxígeno allí no tendremos que llevarnos tanto ‘equipaje’ y podremos usarlo para respirar, crecer plantas y crear combustible para las naves”, comenta Rejón en una entrevista telefónica.
La Luna, en este escenario, actuaría como una “gasolinera en el camino”, un punto estratégico para reabastecer naves espaciales y permitir misiones a destinos más lejanos, como Marte. El regolito lunar, aunque abundante, presenta desafíos significativos para su procesamiento. Su extrema finura, incluso más que la arena de playa, provoca una abrasión considerable en las partes mecánicas de la tecnología enviada a la Luna, afectando a rovers, naves espaciales y otros equipos. Además, la inhalación de este polvo representa un riesgo para la salud de los astronautas y científicos.
El equipo de Rejón, compuesto por diez investigadores del DLR y del Centro de Investigación Alemán para la Inteligencia Artificial (DFKI), debe considerar las condiciones extremas de la Luna, caracterizadas por la ausencia de atmósfera y las amplias variaciones de temperatura, que oscilan entre los -100ºC y los 120ºC. La investigación se está llevando a cabo inicialmente en los laboratorios del DLR en Bremen, Alemania, y posteriormente se trasladará al ‘Luna Hall’ de Colonia, una instalación que simula la superficie lunar con una “inmensa caja de tierra lunar”.
Uno de los principales obstáculos que enfrentan los científicos es la escasez de regolito lunar real. Las muestras disponibles provienen de las misiones Apolo de la década de 1970, y desde entonces no se han realizado misiones dedicadas a la recolección de material lunar. Para superar esta limitación, el equipo ha desarrollado simulantes, mezclas de minerales y materiales que reproducen lo más fielmente posible las condiciones y la composición del regolito.
A pesar de que la tecnología se encuentra aún en fase experimental, los científicos son optimistas y esperan que pueda estar lista “cuanto antes”, anticipando la posible instalación de un asentamiento científico permanente en la Luna en los próximos diez años. Este método de extracción de oxígeno del regolito no solo será crucial como “parada de repostaje” para las naves espaciales, sino también para el sustento de la base lunar, proporcionando oxígeno para la respiración, el cultivo de alimentos y la producción de combustible.
Rejón señala que actualmente se está viviendo una “carrera lunar” entre diferentes países para ser los primeros en volver a colocar seres humanos en la superficie lunar, impulsada por proyectos como las misiones Artemis de la NASA. Sin embargo, advierte que esta “competición” se ha visto algo ralentizada en los países occidentales a partir de 2025 debido a “vaivenes” y la incertidumbre política, mientras que China continúa avanzando a un ritmo constante, logrando “hito tras hito”.
A pesar de este panorama, el investigador destaca que la exploración lunar está experimentando un auge significativo en los últimos años, gracias a la irrupción de actores privados como Blue Origin de Jeff Bezos y Space X de Elon Musk, así como al renovado interés de agencias espaciales como Japón, India y Canadá. La combinación de estos factores está impulsando la innovación y acelerando el desarrollo de nuevas tecnologías que permitirán hacer realidad la visión de una Luna como estación de servicio espacial y base para la exploración del sistema solar.
La extracción de oxígeno del regolito lunar no es la única aplicación potencial de este recurso. El regolito también podría utilizarse para la construcción de hábitats lunares, la producción de agua y otros materiales esenciales para la vida y la actividad humana en el espacio. La capacidad de utilizar los recursos in situ, conocidos como ISRU (In-Situ Resource Utilization), es fundamental para reducir los costos y aumentar la sostenibilidad de las misiones espaciales a largo plazo.
El equipo de Rejón está trabajando en diferentes métodos para extraer el oxígeno del regolito, incluyendo la electrólisis de óxidos metálicos presentes en el polvo lunar. Este proceso utiliza electricidad para separar el oxígeno de otros elementos, produciendo oxígeno puro y otros subproductos que también podrían ser útiles. La eficiencia y la escalabilidad de estos métodos son aspectos clave que se están investigando para garantizar que la tecnología pueda ser implementada a gran escala en la Luna.
La colaboración internacional es esencial para el éxito de la exploración lunar y el desarrollo de tecnologías ISRU. El equipo de Rejón está trabajando en estrecha colaboración con otros investigadores y agencias espaciales de todo el mundo para compartir conocimientos y recursos, y para coordinar esfuerzos en la búsqueda de soluciones innovadoras para los desafíos que plantea la exploración espacial.
El futuro de la exploración espacial se vislumbra cada vez más ligado a la Luna, que se perfila como un trampolín para misiones más ambiciosas a Marte y otros destinos del sistema solar. La capacidad de extraer recursos de la Luna, como el oxígeno, es un paso crucial para hacer realidad este futuro, y el trabajo de científicos como Mateo Rejón y su equipo está allanando el camino para una nueva era de la exploración espacial. La Luna, la nueva frontera, se prepara para convertirse en la gasolinera del espacio, un punto de apoyo vital para la expansión de la humanidad más allá de la Tierra.

