Los Shapis, pioneros de la cumbia andina, celebran casi medio siglo de trayectoria musical, un viaje que los llevó desde los estadios repletos hasta las pantallas de cine, y que refleja la historia social y cultural del Perú de los últimos 50 años. Una reciente entrevista televisiva con Aldo Miyashiro a Julio Simeón, ‘Chapulín el dulce’, y Jaime Moreyra, desató una ola de nostalgia y reavivó el debate sobre la importancia de este género musical, a menudo subestimado, pero profundamente arraigado en la identidad popular peruana.
La década de los ochenta fue el escenario de su explosión. Los Shapis no solo llenaron el estadio de Alianza Lima en 1984, en un duelo épico contra la orquesta de salsa de Aníbal López – un choque simbólico entre la ‘chicha’ y la salsa – sino que también conquistaron la pantalla grande con su película ‘Los Shapis en el mundo de los pobres’, un éxito de taquilla que consolidó su estatus de íconos populares. La película, además de ser un hito cinematográfico para el género, presentó una historia de amor entre el diminuto Chapulín y la voluptuosa vedette Amparo Brambilla, un contraste que capturó la imaginación del público.
Pero Los Shapis fueron mucho más que simples artistas populares. Fueron los arquitectos de un nuevo sonido, una fusión audaz de cumbia, guaracha, huayno y rock, que dio origen a la cumbia andina o, simplemente, chicha. Canciones como ‘Ambulante soy’ y ‘Chofercito carretero’ se convirtieron en himnos generacionales, narrando las vivencias y aspiraciones de una población migrante que llegaba a Lima en busca de oportunidades.
El recuerdo de aquellos años, marcado por la violencia terrorista de Sendero Luminoso y la crisis económica del primer gobierno de Alan García, es vívido para quienes vivieron esa época. Un periodista, que en aquel entonces trabajaba en el suplemento ‘Rojo y Blanco’, relata cómo recibió la propuesta de un joven cineasta para filmar el primer videoclip chicha de la historia, precisamente con Los Shapis. La grabación de ‘Cervecita’ en Cieneguilla fue una experiencia intensa, con Chapulín asumiendo su rol de estrella y el periodista incluso participando como extra.
La noche siguiente, el grupo se presentó en Huaral, donde sorprendió al público al incorporar trombones, piano y un cantante de salsa para interpretar éxitos de Eddie Santiago, Frankie Ruiz y Hildemaro. Esta incursión en otros géneros musicales demostró la versatilidad y el espíritu innovador de Los Shapis, quienes no temían experimentar y fusionar diferentes estilos.
En 1991, una revista llamada ‘Éxito’ inició una serie de reportajes sobre la vida íntima de los reyes de la chicha, comenzando con el Chacalón. El ‘Faraón de la cumbia’ recibió al periodista en su residencia, revelando un altar dedicado a los mártires aliancistas del Fokker. Posteriormente, Víctor Carrasco, el ‘rey’ Vico, abrió las puertas de su hogar, compartiendo detalles sobre su vida familiar y sus preocupaciones por la creciente ola de violencia y secuestros que azotaban el país.
La década de los ochenta fue un período de contrastes musicales en el Perú. Mientras la chicha ganaba terreno entre la población migrante, el rock en español experimentaba su auge con bandas como Los Prisioneros, El Tri, Alaska y Dinarama, Hombres G, Charly García, Los Abuelos de la Nada y Soda Stereo. El ‘Amauta’ se convertía en el epicentro de la música alternativa, pero la chicha, con su lenguaje directo y sus letras que reflejaban la realidad cotidiana, encontraba su público fiel en las calles y los barrios populares.
La chicha no solo era música, era un reflejo de la identidad de una generación de migrantes que huían de la violencia y buscaban un nuevo comienzo en la capital. Sus canciones hablaban del ambulante, de la cerveza, de los celos, del aguajal, e incluso de tragedias como la muerte de ‘Petiso’, un niño sin hogar electrocutado en la plaza San Martín, inmortalizado en una canción de Pintura Roja.
Muchos consideraron que la chicha sería un fenómeno pasajero, pero Los Shapis han demostrado que su música trasciende el tiempo y las modas. A pesar de los cambios sociales y culturales, su legado perdura, y su influencia se puede apreciar en las nuevas generaciones de artistas que han abrazado la cumbia andina. La historia de Los Shapis es la historia de un Perú diverso, vibrante y resiliente, un Perú que encuentra en la música una forma de expresión y de resistencia. Su música sigue viva, resonando en las fiestas, en los mercados, en los corazones de aquellos que se identifican con su mensaje y su ritmo contagioso. Larga vida a Los Shapis, los reyes de la chicha, los embajadores de la cumbia andina.


