El anuncio de Bad Bunny como artista principal del show del medio tiempo del Súper Bowl ha trascendido el ámbito del entretenimiento para convertirse en un foco de intensa polarización política en Estados Unidos. Lo que comenzó como una celebración del impacto global del artista puertorriqueño se ha transformado en un campo de batalla ideológico, con figuras prominentes del Partido Republicano denunciando la elección como una afrenta a la política migratoria del país y una señal de debilidad por parte de la NFL.
La decisión de Roc Nation, la empresa encargada de organizar el espectáculo para la NFL, de seleccionar a Bad Bunny, se presentó inicialmente como un reconocimiento a su influencia cultural y su capacidad para conectar con audiencias diversas. Sin embargo, la respuesta de los sectores conservadores no tardó en llegar, liderada por figuras como Corey Lewandowski, ex-asesor de Donald Trump, y Kristy Noem, secretaria del Departamento de Seguridad Nacional.
Lewandowski acusó directamente a Bad Bunny de utilizar su plataforma para desafiar la política migratoria del gobierno, insinuando que el artista podría estar promoviendo un "santuario" para inmigrantes indocumentados durante el evento deportivo. Sus declaraciones, realizadas en un programa de internet dirigido a audiencias conservadoras, fueron una amenaza velada a la posibilidad de que agentes de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Fronteras) realizaran detenciones durante el show.
La respuesta de Noem fue aún más contundente, calificando a la NFL de "débil" y "sin principios" por elegir a Bad Bunny. Sus comentarios, cargados de retórica nacionalista, reflejan una creciente preocupación entre los conservadores por lo que perciben como una erosión de los valores tradicionales y una falta de respeto por la ley y el orden.
El propio Donald Trump se sumó a las críticas, describiendo la elección de Bad Bunny como "ridícula" y "una locura". Sus declaraciones, realizadas a la cadena Newsmax, evidencian su desprecio por la cultura latina y su postura intransigente en materia de inmigración.
La NFL, por su parte, ha defendido su decisión, argumentando que la elección de Bad Bunny se basó en su talento artístico y su capacidad para atraer a una audiencia global. El comisionado Roger Goodell reconoció que la elección de cualquier artista para el show del medio tiempo inevitablemente genera controversia, pero insistió en que la decisión se tomó "cuidadosamente considerada".
La polarización en torno a Bad Bunny se ha intensificado en los meses previos al Súper Bowl, coincidiendo con un aumento de la actividad de ICE y una serie de incidentes que han generado indignación entre los defensores de los derechos de los inmigrantes. La operación "Metro Surge", lanzada en Minneapolis, Minnesota, provocó protestas masivas y acusaciones de acoso y discriminación contra la comunidad inmigrante.
En este contexto, dos muertes de ciudadanos estadounidenses, Rannae Good y Alex Pretti, han inflamado aún más la tensión nacional contra ICE, alimentando las sospechas de que la agencia está utilizando tácticas agresivas y desproporcionadas en sus operaciones.
La controversia ha llegado incluso a afectar la participación de otros artistas en el evento. Donald Trump anunció que no asistiría al Súper Bowl después de que se confirmara la participación de la banda punk Green Day, a la que calificó de "sembradora de odio".
Bad Bunny, por su parte, ha respondido a las críticas con una serie de declaraciones contundentes, tanto en entrevistas como en sus presentaciones en vivo. Durante su actuación como anfitrión invitado en Saturday Night Live, el artista puertorriqueño aprovechó la oportunidad para enviar un mensaje de orgullo y unidad a la comunidad latina, instando a sus detractores a aprender español.
En la ceremonia de los Grammy, Bad Bunny elevó aún más su voz, dedicando su premio a Mejor Álbum Urbano a todos los inmigrantes y denunciando la brutalidad de ICE. Su discurso, pronunciado en inglés y español, resonó con fuerza en todo el país, convirtiéndose en un símbolo de resistencia y esperanza para millones de personas.
El próximo domingo, cuando Bad Bunny suba al escenario del Súper Bowl, la polarización política en Estados Unidos alcanzará un nuevo punto álgido. La presentación del artista puertorriqueño será mucho más que un espectáculo de entretenimiento; será una declaración política, un acto de desafío y una celebración de la diversidad cultural. La pregunta que queda por responder es si la política logrará eclipsar la música y el espectáculo, o si Bad Bunny será capaz de trascender las divisiones y unir a la nación a través de su arte. La NFL, consciente de la magnitud del evento, ha redoblado su apoyo al artista, destacando el impacto positivo que su presentación puede tener en la expansión de la marca de la liga a nivel internacional. Sin embargo, la sombra de la controversia seguirá planeando sobre el Súper Bowl, recordándonos que incluso los eventos más populares y apolíticos pueden convertirse en el escenario de intensos debates ideológicos.












