La Habana, Cuba – Un apagón masivo que afectará al 57% de la población cubana se avecina, sumiendo a la nación caribeña en una crisis energética de proporciones alarmantes. La Unión Eléctrica (UNE), la compañía estatal de electricidad, anunció que el corte de energía comenzará esta tarde, jueves 29 de enero de 2026, y se extenderá por al menos 20 horas, abarcando gran parte del viernes 30 de enero. Este incidente no es un evento aislado, sino la culminación de una prolongada y creciente crisis energética que ha estado afectando a Cuba desde el verano de 2024, caracterizada por cortes de electricidad frecuentes y cada vez más extensos.
La situación se agrava en un contexto geopolítico tenso. Apenas horas antes del anuncio de la UNE, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló la imposición de aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba. Esta medida, percibida como una intensificación de la política de presión económica sobre la isla, ha exacerbado las dificultades para asegurar el combustible necesario para la generación eléctrica. La escasez de divisas en manos del gobierno cubano, combinada con las presiones estadounidenses para interrumpir el flujo de petróleo venezolano, ha creado un círculo vicioso que amenaza la estabilidad energética del país.
La infraestructura eléctrica cubana, ya de por sí envejecida y vulnerable, se encuentra en un estado crítico. Actualmente, nueve de las dieciséis unidades de protección termoeléctrica operativas están fuera de servicio, ya sea por fallas técnicas o por necesidad de mantenimiento. La falta de inversión en la modernización de las centrales eléctricas y la dificultad para adquirir repuestos y tecnología moderna han contribuido a la creciente frecuencia de averías y a la incapacidad de satisfacer la demanda de energía.
El impacto de estos apagones prolongados es devastador para la vida cotidiana de los cubanos. La falta de electricidad afecta a todos los aspectos de la sociedad, desde el funcionamiento de hospitales y escuelas hasta el acceso a agua potable y comunicaciones. Las familias se ven obligadas a lidiar con la incomodidad de la oscuridad, la falta de refrigeración de alimentos y la interrupción de las actividades económicas. La situación es especialmente difícil para los ancianos, los enfermos y los niños pequeños, que son los más vulnerables a los efectos del calor y la falta de servicios básicos.
La crisis energética también tiene implicaciones económicas significativas. La interrupción del suministro eléctrico afecta a la producción industrial, el turismo y el comercio, lo que a su vez reduce los ingresos del gobierno y dificulta la capacidad de importar bienes esenciales. La escasez de combustible y la falta de electricidad también han provocado un aumento de los precios de los alimentos y otros productos básicos, lo que ha afectado el poder adquisitivo de la población.
El gobierno cubano ha implementado una serie de medidas para tratar de mitigar los efectos de la crisis energética, como la racionalización del consumo de electricidad, la promoción de fuentes de energía renovable y la búsqueda de nuevos proveedores de combustible. Sin embargo, estas medidas han tenido un impacto limitado hasta el momento, y la situación sigue siendo crítica.
La imposición de aranceles por parte de Estados Unidos ha sido ampliamente criticada por la comunidad internacional, que la considera una violación del derecho internacional y una agresión contra el pueblo cubano. Muchos países y organizaciones han instado a Estados Unidos a levantar los aranceles y a buscar una solución negociada a la crisis energética en Cuba.
La situación en Cuba plantea serias interrogantes sobre el futuro de la isla y su relación con Estados Unidos. Algunos analistas creen que la crisis energética podría ser un catalizador para un cambio de régimen en Cuba, similar al que se ha producido en Venezuela. Otros argumentan que el gobierno cubano es capaz de resistir la presión estadounidense y de encontrar soluciones alternativas para superar la crisis.
Mientras tanto, el pueblo cubano se prepara para enfrentar un nuevo período de oscuridad y dificultades. La incertidumbre sobre el futuro es palpable, y la esperanza de una solución rápida se desvanece con cada hora que pasa. La visita de la presidenta a Baja California, México, y el ingreso de un nuevo frente frío al norte del país, parecen eventos distantes e irrelevantes para la realidad que vive la mayoría de la población cubana. La preventa de algún evento o plan de pago especial, tampoco parece ser una prioridad en medio de la crisis. La atención del mundo está puesta en Cuba, mientras la isla se enfrenta a una de las mayores pruebas de su historia reciente. La pregunta que todos se hacen es: ¿cuánto tiempo más podrá resistir Cuba a oscuras?

