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Turistas quedan boquiabiertos ante el colorido Carnaval de Negros y Blancos de Pasto

Turistas quedan boquiabiertos ante el colorido Carnaval de Negros y Blancos de Pasto

El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, en Colombia, es una celebración llena de magia y color que deja boquiabiertos a los turistas que llegan a presenciar este evento. El 6 de enero, día central de la festividad, los visitantes provenientes de diferentes países quedaron sorprendidos ante las imponentes carrozas, los bailes tradicionales y los chistes típicos de la región.

Los turistas, convencidos de que el uso de la ruana era obligatorio incluso para ir al baño, se encontraron con dragones andinos, diablos sonrientes y figuras gigantes de colores que desafiaban toda lógica europea. Un alemán llegó a preguntar si las carrozas tenían motor nuclear, mientras una francesa juraba que no había visto nada igual ni siquiera en París, ni siquiera con vino encima.

En la Plaza de Nariño, la escena se volvió aún más digna de crónica, con los visitantes intentando bailar al ritmo de las comparsas, siguiendo las enseñanzas pacientes, y a veces burlonas, de los pastusos. Un canadiense trataba de mover los pies, pero parecía más bien esquivar baldosas invisibles, mientras un grupo de pastusos decidía que era el momento preciso para alegrar el ambiente con música a todo volumen.

"¡Baile gringo, no sea chuchinga!", le gritaba un espontáneo instructor de danza a un turista que parecía estar matando cucarachas al lado de la estatua de Don Antonio. Los extranjeros sonreían con pánico educado, levantando los brazos como espantando palomas o intentando seguir un ritmo que claramente no entendían. Los pastusos, por su parte, aplaudían felices.

Pero no solo el baile fue un desafío para los visitantes. Los chistes pastusos también les resultaron difíciles de comprender. Un grupo de ingleses escuchó atentamente un cuento y, al no captar el remate, rieron cinco segundos después, por si acaso. Un español preguntó si los chistes venían con subtítulos, y un pastuso muy serio le respondió: "Sí, pero solo para los que ya los entendieron".

Al final del día, cubiertos de espuma y confusión cultural, los turistas se declararon felices. No entendieron todos los chistes, no bailaron bien y jamás supieron cómo sobrevivieron al frío y al sol al mismo tiempo. Pero se fueron convencidos de una cosa: en Pasto, el Carnaval no se explica... se baila, se ríe y se vive, aunque no se entienda nada.

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