Las protestas antigubernamentales en Irán han escalado a niveles de extrema violencia, con al menos 420 manifestantes asesinados por las fuerzas de seguridad en las últimas dos semanas, según informes de la Agencia de Noticias del grupo Activistas por los Derechos Humanos en Irán (HRANA).
Las manifestaciones, que comenzaron el 28 de diciembre por la crisis económica, se han extendido a más de 180 ciudades en todo el país, representando el mayor desafío al régimen iraní en años. Sin embargo, la brutal represión de las autoridades ha dejado un saldo devastador, con testigos presenciales describiendo escenas aterradoras de violencia.
Relatos de manifestantes y personal médico dan cuenta de fuerzas de seguridad disparando indiscriminadamente a la multitud, utilizando balas, perdigones y descargas eléctricas. Algunos informes hablan de "cuerpos apilados" en hospitales y de niños heridos de gravedad.
Según HRANA, entre los fallecidos hay 8 menores de edad. Además, más de 2.600 personas han sido arrestadas en las protestas. Estas cifras, sin embargo, no han podido ser verificadas de forma independiente.
El gobierno iraní ha respondido a las manifestaciones con un bloqueo total de internet, en un intento por asfixiar la movilización. Sin embargo, los residentes de Teherán aseguran que esto ha tenido el efecto contrario, llevando a aún más personas a salir a las calles.
Líderes como el hijo del último Sha de Irán, Reza Pahlavi, han llamado a la población a continuar con las protestas, asegurando que cuentan con el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump. Mientras tanto, el régimen iraní acusa a "grupos terroristas" de estar detrás de los disturbios.
La situación en Irán se perfila cada vez más inestable, con el temor de que la violencia pueda escalar aún más en los próximos días. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de estos eventos, que amenazan con desestabilizar aún más la región.











