La tercera ola de autocratización está avanzando, pero no llega con tanques, sino con mecanismos más sutiles que erosionan libertades fundamentales como la libre expresión, la libre asociación y el acceso a la información. Este fenómeno, advertido por académicos, afecta a los partidos de centroizquierda en Chile, que enfrentan una profunda crisis de desideologización y despolitización.
El texto analiza cómo los partidos de la ex Concertación han sido incapaces de hacer una autocrítica tras sus derrotas electorales, y cómo su debilidad no solo radica en problemas internos, sino en la fragilidad de su proyecto político. Se trata de colectivos "profundamente despolitizados y desideologizados, acostumbrados a repetir consignas vacías e incapaces incluso de defender el legado de la propia Concertación".
Esto se refleja en sus formas de hacer política, dominadas por burocracias internas, disputas por cuotas de poder y un progresivo alejamiento de las bases sociales. Los autores advierten que, de no haber atendido a estas advertencias de académicos como Luna y Altman, estos partidos corren el riesgo de ser reemplazados por fuerzas políticas ubicadas en los extremos.
Además, se señala que estas colectividades presentan estructuras de poder anquilosadas, dominadas por varones que se resisten a promover recambios generacionales. Esto ha relegado a generaciones completas a cargos administrativos, mientras la nueva izquierda, como el Frente Amplio, ha logrado emerger como un recambio generacional.
Los expertos advierten que el progresismo necesita dejar de dar lecciones y volver a escuchar a los nuevos electorados, como las mujeres que votaron por Kast, los jóvenes que vieron en Parisi una opción o quienes han perdido la fe en la democracia y los derechos humanos. Solo así podrán repensar seriamente su proyecto político y enfrentar esta "tercera ola de autocratización" que erosiona las libertades fundamentales.











