La tradición del arte artesanal en el suroeste de Guayaquil se ha convertido en un motor del comercio informal y de las familias de la zona. Durante los días festivos de Año Nuevo, esta área de la ciudad se llena de vida y movimiento, donde vendedores ambulantes, artistas callejeros y familias se reúnen para aprovechar la afluencia de visitantes atraídos por la ruta de los gigantes.
En la intersección de la calle 16 con Alcedo, el ambiente es de bullicio y actividad. Por un lado, se escuchan las ofertas de los vendedores de chuzos, mientras que en el otro extremo, un parlante llama la atención con música del artista Pitbull y atracciones creadas con inteligencia artificial. Las familias pasean de la mano, observando de cerca los coloridos muñecos de papel, mientras los comerciantes informales aprovechan la oportunidad para vender sus productos y servicios.
Vanessa Carrión, una de las vecinas de la zona, se ha instalado en la calle para cuidar los vehículos de los visitantes. Aunque el negocio de la guardianía parecía ser rentable, la mujer se ha enfrentado a algunas dificultades, ya que la calle cierra por las noches para evitar más congestión en la zona. "Hay que 'pelearse' por las monedas que dan los choferes, porque todos quieren sus clientes; sobre todo porque está súper lleno", comenta.
Por su parte, Luis Naranjo, otro comerciante informal de la zona, ha logrado hacer entre 80 y 90 dólares diarios con sus creaciones artesanales. Él asegura que las atracciones de la ruta de los gigantes les dan una ventaja para hacer dinero, ya que los niños suelen insistir a sus padres para que les compren lo que ven en los puestos.
Otras familias, como la de Caroline Guerra, han encontrado una "red de apoyo" en la zona. Guerra, su tía y su prima tienen puestos ambulantes en la calle 16, lo que les permite ayudarse mutuamente cuando lo necesitan. "Nosotras somos mujeres emprendedoras que tenemos que salir 'adelante' por nosotras y nuestras familias", afirma con orgullo.
Esta tradición de arte artesanal no solo fomenta el comercio informal, sino que también fortalece los vínculos familiares y comunitarios en el suroeste de Guayaquil. A pesar de los desafíos que enfrentan los comerciantes, la fiesta y la celebración se mantienen vivas en esta zona de la ciudad.












