Durante episodios de gripe o malestar estomacal, mantener una alimentación adecuada puede ser determinante para la recuperación. Según especialistas, ciertos alimentos ejercen un efecto positivo sobre la hidratación y el bienestar general.
La hidratación es fundamental cuando se presentan enfermedades con fiebre, náuseas o diarrea. Por ello, se recomienda el consumo regular de agua, caldos y bebidas con electrolitos para reponer líquidos y minerales perdidos. Las sopas a base de caldo ayudan a restaurar el sodio y mantener el cuerpo hidratado, mientras que el agua de coco es una fuente natural de electrolitos y azúcares apropiados para quienes experimentan debilidad.
Por otro lado, se advierte sobre el riesgo de consumir cafeína y alcohol, ya que pueden agravar la deshidratación y empeorar molestias digestivas.
Incorporar frutas suaves y ricas en agua como parte de la dieta puede aportar alivio, nutrientes y energía, incluso cuando el apetito escasea. La sandía, por ejemplo, es una excelente fuente de agua y nutrientes, recomendada para personas propensas a la deshidratación. Asimismo, los frutos rojos se destacan por su riqueza en antioxidantes, compuestos que ayudan a reducir la inflamación y proteger las células del daño.
Los cítricos como la naranja o el limón también son recomendados por su elevado contenido en vitamina C, esencial para el funcionamiento del sistema inmunológico y para reducir molestias asociadas al resfriado. Otras opciones favorables son la banana y la pera, debido a su textura suave y características nutricionales.
En cuanto a las fuentes de grasas saludables, la palta destaca como opción relevante. Sus grasas monoinsaturadas, especialmente el ácido oleico, contribuyen a reducir la inflamación y proporcionan energía en una textura blanda, adecuada para molestias de garganta o estómago.
Por el contrario, se aconseja limitar o evitar productos lácteos, comidas rápidas, frituras, alimentos ultra procesados y bebidas azucaradas, ya que pueden aumentar la inflamación o provocar malestares adicionales.
Durante la recuperación, es clave mantener una estrategia gradual y cuidadosa. Los expertos sugieren optar por comidas pequeñas y frecuentes en lugar de grandes volúmenes para evitar la sobrecarga digestiva y facilitar el retorno al apetito. Asimismo, se debe progresar desde líquidos claros y alimentos blandos hasta reincorporar la dieta habitual a medida que los síntomas disminuyen.
El objetivo final es mantener el estómago moderadamente ocupado mediante porciones reducidas repartidas a lo largo del día. Escoger alimentos suaves y nutritivos puede evitar molestias adicionales y favorecer una recuperación más eficaz.







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