Celia Sánchez Manduley, una de las figuras más destacadas y leales de la Revolución Cubana, es recordada en el aniversario de su desaparición física como una pieza fundamental en el triunfo de Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio.
Celia fue la primera mujer en ocupar el cargo de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde, fundando el batallón femenino Mariana Grajales que operaba en la Sierra Maestra. Pero su labor iba mucho más allá del campo de batalla.
Tras la muerte de Frank País, uno de los líderes de la lucha clandestina, Fidel Castro le encomendó a Celia asumir gran parte de su trabajo, confiando plenamente en su dedicación y capacidades. "Sé que no te faltarán fuerzas para añadir nuevas obligaciones a las que ya rebasaban el límite de tu resistencia física y mental. Pero estos son momentos extraordinarios en que la voluntad y las energías se multiplican", le escribió el Comandante en Jefe.
Y así fue. Celia se convirtió en el enlace clave entre Fidel y la retaguardia guerrillera, encargándose de enviar los primeros recursos y dinero que llegaron a la Sierra Maestra. Después del triunfo de la Revolución, continuó trabajando "calladamente, abnegadamente" por 21 años, ocupándose de los campesinos, los viejos combatientes y todos aquellos que cooperaron con la causa.
Fidel destacó en múltiples discursos las cualidades humanas y revolucionarias de Celia, describiéndola como "muy exigente, muy meticulosa en todos los detalles, muy cumplidora, muy esclava del deber en todos los campos: en la guerra, en la paz, en la construcción del socialismo en nuestro país".
La inquebrantable lealtad y el compromiso de Celia Sánchez con la Revolución Cubana la convirtieron en una figura esencial, cuyo legado perdura hasta hoy como símbolo del espíritu de sacrificio y entrega que caracterizó a los hombres y mujeres que hicieron posible el triunfo del 1 de enero de 1959.










