La identificación de cadáveres en Guatemala enfrenta serios desafíos que determinan si una persona puede ser reconocida o enterrada sin nombre, una condición conocida como "XX". En las últimas semanas han aparecido 15 cuerpos en la capital y el área metropolitana, pero solo tres han sido identificados, lo que refleja la complejidad de esta tarea.
El abandono de cuerpos es una práctica habitual de la criminalidad en el país. Según el médico forense y excolaborador del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), Jorge Granados, uno de los principales obstáculos es la ausencia de información para contrastar con los datos forenses extraídos de los cadáveres. "El ADN por sí solo no identifica a nadie. Es solo un código de números y letras; si no tenemos con quién compararlo, no nos dice absolutamente nada", afirma.
Cuando una persona es reportada como desaparecida, la descripción física resulta insuficiente si no va acompañada de una muestra genética de familiares cercanos. "El mayor problema que enfrentamos es que no tenemos contra qué comparar. Podemos tener varios cadáveres, pero sin una muestra del padre, la madre o un hermano, la identificación es imposible", explica Granados.
La situación se agrava por las condiciones en las que muchos cuerpos son hallados. Granados detalla que, en la mayoría de los casos, los cadáveres llegan en estado avanzado de descomposición, lo que impide recuperar huellas dactilares, el método de identificación más certero desde el punto de vista jurídico. Incluso, en algunos casos, los agresores destruyen los pulpejos de los dedos, amputan las manos o aplican químicos para impedir la identificación.
Cuando no es posible identificar a una persona mediante huellas, los peritos recurren a la genética forense. Sin embargo, este método también tiene limitaciones, ya que necesita una muestra de un familiar para poder confirmar una identidad. En escenarios donde los cuerpos no son reclamados, el procedimiento se limita a preservar evidencia mínima para el futuro.
Granados enfatiza que los retrasos en la identificación no responden a negligencia institucional, sino a la falta de muestras de ADN de los familiares que permitan la comparación genética. Aunque existen bases de datos genéticas, su alcance es limitado, ya que solo en casos excepcionales, cuando el perfil coincide con una muestra ya registrada, se puede identificar a una persona sin la familia.
Mientras tanto, cadáveres continúan siendo sepultados sin nombre en los cementerios, a la espera de que algún día una muestra de sangre permita devolverles la identidad.











