La exministra de Energía y Minas de Guatemala, Carmen Urízar, advierte que el país enfrenta una encrucijada en su sector eléctrico para el año 2026. Por un lado, existe la urgente necesidad de asegurar la capacidad de generación a largo plazo para acompañar el crecimiento económico y evitar tensiones de suministro. Por otro lado, la red de transmisión requiere inversión y coordinación para integrar nueva generación y evitar cuellos de botella que encarezcan la electricidad. Estos dos frentes serán determinantes para la estabilidad energética del país en los próximos años.
La licitación PEG-5, definida como el mayor evento de contratación de energía y potencia en la historia de Guatemala, busca contratar hasta 1,400 megavatios (MW) de potencia garantizada y energía asociada para asegurar la demanda futura. Sin embargo, Urízar advierte que el desafío es doble: diseñar bases claras y atractivas para los inversionistas, evitando contradicciones regulatorias, y balancear criterios de precio con exigencias de confiabilidad. Si PEG-5 no logra atraer ofertas sólidas, Guatemala podría enfrentar una brecha de potencia en los años clave hacia el 2030.
Por otro lado, el proceso PET-3 para proyectos de transmisión fue declarado desierto, dejando pendientes proyectos esenciales de interconexión y reforzamiento. Ante este revés, el Ministerio de Energía y Minas (MEM) ha señalado la preparación de una nueva convocatoria, PET-4, para corregir errores y atraer una oferta más sólida. Sin una adecuada infraestructura de transmisión, los proyectos adjudicados en PEG-5 correrían el riesgo de quedar embotellados, aumentando los costos finales para el usuario.
Más allá de los desafíos específicos de estas licitaciones, Urízar señala que Guatemala enfrentará en 2026 un conjunto más amplio de retos energéticos estructurales, algunos heredados y otros que se intensificarán. Entre ellos, el impacto del cambio climático en la disponibilidad hídrica, la necesidad de respaldos más limpios para las renovables, la falta de claridad regulatoria sobre el almacenamiento de energía, los cambios en el perfil de la demanda y los desafíos en la distribución eléctrica.
En resumen, el 2026 no será un año de un solo desafío energético para Guatemala, sino de convergencia de riesgos climáticos, tecnológicos, financieros, sociales e institucionales. La experta advierte que el verdadero reto será mantener una visión integral del sistema eléctrico, donde generación, transmisión, distribución y demanda evolucionen de forma coherente para asegurar la estabilidad energética del país.












