La situación en Irán se agrava a medida que las masivas protestas en todo el país son brutalmente reprimidas por las autoridades. Organizaciones de derechos humanos denuncian una represión letal, con cientos de manifestantes asesinados durante el apagón informativo que mantiene al país aislado del mundo.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha acusado a "terroristas entrenados" de estar detrás de los "disturbios", mientras el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, asegura que el Gobierno "no cederá" frente a las protestas.
Ante esta situación, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido informado sobre nuevas opciones militares para atacar Irán como represalia por la violenta represión. Si bien Trump no ha tomado aún una decisión definitiva, evalúa seriamente autorizar un ataque contra objetivos en Teherán, incluyendo instalaciones no militares.
Las protestas, que comenzaron a finales de diciembre por la crisis económica, han ido creciendo y extendiéndose, con demandas ciudadanas que en algunos casos reclaman cambios profundos en el sistema político. Paralelamente, organizaciones de derechos humanos han denunciado decenas de muertes durante la represión.
Israel, por su parte, ha activado un estado de máxima alerta ante la posibilidad de una intervención estadounidense en Irán. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, han conversado sobre la situación, incluida la posibilidad de una acción militar.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, ha advertido que cualquier acción militar estadounidense provocaría represalias y que tanto Israel como las bases estadounidenses en la región serían "objetivos legítimos".
La comunidad internacional sigue de cerca la evolución de la crisis en Irán, mientras se debate el delicado equilibrio entre castigar a Teherán por la brutal represión y evitar consecuencias contraproducentes que puedan reforzar el apoyo interno al régimen o desencadenar una mayor escalada regional.









