El arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha generado una ola de reacciones y debates en torno a los verdaderos motivos detrás de esta acción. Si bien la Casa Blanca ha alegado preocupaciones por el narcotráfico y la amenaza a los intereses estadounidenses, algunos analistas cuestionan si la democracia en Venezuela realmente es una prioridad para el gobierno de Donald Trump.
El texto analiza cómo el populismo, tanto el autoritario como el que se disfraza de "mano dura", subordina la defensa de la democracia a la narrativa y al cálculo político. En este sentido, se advierte que ni Trump actuará como un salvador democrático, ni el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México enfrentará la crisis institucional mientras le resulte rentable el discurso victimista y nacionalista.
La columna señala que la única defensa real de la democracia y del desarrollo está en instituciones fuertes, contrapesos efectivos, justicia y una sociedad organizada, capaz de resistir la tentación autoritaria sin miedo y sin ingenuidad. Sin reglas claras y sin responsabilidad cívica, la democracia queda a merced del abuso de poder, ya sea que provenga del exterior o desde dentro.
El arresto de Maduro ha desatado una serie de interrogantes sobre los verdaderos intereses geopolíticos detrás de la acción de Estados Unidos. Mientras algunos ven en ella una oportunidad para rescatar la democracia en Venezuela, otros advierten que la prioridad de Washington es más bien preservar sus propios intereses económicos y de seguridad en la región.
En este contexto, el texto llama a no depositar esperanzas ingenuas en amenazas externas ni en discursos populistas de soberanía. La defensa de la democracia, concluye, requiere de una sociedad vigilante, instituciones sólidas y una clara delimitación de responsabilidades, tanto para los actores políticos como para los ciudadanos.









