El VAR (Video Assistant Referee) se ha convertido en un elemento indispensable del fútbol moderno, pero su implementación aún enfrenta desafíos importantes. Si bien la tecnología ha mejorado la precisión de las decisiones arbitrales, el verdadero reto radica en la maduración operativa del sistema y la profesionalización de los roles involucrados.
Uno de los problemas clave es considerar que la función del VAR es una tarea rotativa o circunstancial para un árbitro de campo. Por el contrario, el arbitraje de video debe ser reconocido como una especialidad autónoma, con perfiles cognitivos, de gestión del tiempo y de formación técnica diferenciados. No todos los árbitros de élite en el campo poseen las competencias necesarias para desempeñarse en la cabina del VAR.
La evolución del sistema también debe alcanzar el plano reglamentario. Existen debates ineludibles que el fútbol moderno debe afrontar, como la revisión de la Segunda Amonestación y la reforma de la Regla 11 sobre el Fuera de Juego. Estas discusiones buscan recuperar el sentido común y la comprensión del espectador, sin perder la precisión técnica.
El futuro del VAR no depende de más pantallas, sino de mejores decisiones estructurales. Es clave formar instructores docentes en VAR, profesionalizar las funciones y formar especialistas dedicados exclusivamente a la interpretación y asistencia de video. La tecnología debe ser una herramienta de soporte, pero nunca el actor principal. El control del juego es, y debe seguir siendo, un acto profundamente humano, basado en la personalidad, la convicción y el conocimiento especializado de quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia.











