La educación es mucho más que infraestructura, programas o estadísticas. Su verdadero propósito es formar ciudadanos con conciencia cívica, sentido ético y responsabilidad moral. Sin embargo, en los últimos años se ha observado un preocupante debilitamiento de los valores cívicos y éticos en la sociedad panameña.
La autora de este artículo, una educadora, hace una profunda reflexión sobre la responsabilidad compartida que tenemos como sociedad para recuperar esa dimensión fundamental de la educación. Señala que la formación ética no puede recaer únicamente en la familia ni ser delegada por completo a la escuela, sino que es una tarea que involucra al hogar, el sistema educativo y el Estado.
Uno de los principales problemas identificados es la normalización del deterioro de los valores. Se tolera la falta de respeto, se justifica la indiferencia y se relativiza la ética hasta convertirla en un concepto flexible y conveniente. Esto se manifiesta en la creciente intolerancia, la falta de diálogo y la confusión entre derechos y libertades.
La autora también aborda la importancia de la coherencia, el ejemplo y el rumbo en la educación. Cuestiona qué tipo de ciudadanos estamos formando y qué país queremos construir, pues sin esa reflexión profunda, cualquier reforma educativa quedará incompleta.
Uno de los aspectos destacados es la necesidad de priorizar la idoneidad, la preparación auténtica y el compromiso ético de los docentes, en lugar de enfocarse únicamente en la acumulación de títulos y puntajes. Panamá no puede seguir confundiendo excelencia con mera obtención de diplomas, cuando lo que se requiere son profesionales con pensamiento crítico y capacidad real para educar y transformar.
Asimismo, la autora resalta la importancia de la educación informal, que permite adquirir habilidades técnicas y blandas a través de la práctica y los oficios. Sin embargo, advierte que esta modalidad requiere una gestión adecuada, insumos y planificación estructurada, para evitar la improvisación y aprovechar su potencial.
En conclusión, la autora hace un llamado a una reflexión honesta y profunda sobre la educación, más allá de los aspectos técnicos y administrativos. Subraya que la formación de ciudadanos honorables exige coherencia, planificación y ejecución responsable, con el compromiso de todos los actores involucrados.












