Desde su regreso a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha vuelto a manifestar su interés por Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca. El mandatario republicano ha asegurado que el control de la isla es "crucial" para la seguridad nacional estadounidense, en el contexto de la rivalidad con Rusia y China en el Ártico.
Las declaraciones más recientes de Trump incluyeron advertencias de que su objetivo se concretaría "por las buenas o por las malas", lo que provocó un rechazo inmediato y unificado en Groenlandia. Los cinco partidos representados en el Parlamento groenlandés, incluidos los que integran el gobierno y la oposición independentista, emitieron un comunicado conjunto: "No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses".
La tensión ha generado preocupación en Europa, especialmente en Dinamarca, que junto con Groenlandia forma parte de la OTAN. Autoridades danesas advirtieron que una eventual toma estadounidense de la isla pondría en riesgo la Alianza Atlántica y la arquitectura de seguridad posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Según un sondeo divulgado por la agencia danesa Ritzau, el 38.3% de los daneses considera posible una invasión estadounidense durante la presidencia de Trump. En contraste, una encuesta publicada en enero de 2025 en la prensa local reveló que el 85% de los groenlandeses se opone a formar parte de Estados Unidos, frente a solo un 6% a favor.
Groenlandia es atractiva para Estados Unidos por su ubicación estratégica en el Ártico, su baja densidad poblacional y su riqueza en recursos naturales aún sin explotar, como litio, cobre, níquel, grafito, tierras raras y petróleo. Además, la isla se sitúa en la Brecha GIUK (Groenlandia Islandia Reino Unido), un punto clave para el monitoreo naval de la OTAN.
Estados Unidos ya mantiene presencia militar en la isla a través de la Base Espacial Pituffik, utilizada para defensa antimisiles y vigilancia espacial. La Casa Blanca ha reiterado que la adquisición de Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional, sin descartar el uso de la fuerza, postura que analistas europeos califican de preocupante.
En este contexto, el secretario de Estado estadounidense sostendrá reuniones con autoridades danesas y representantes groenlandeses para abordar la creciente tensión diplomática. El futuro de Groenlandia parece estar en juego, con Estados Unidos empeñado en hacerse con el control de la isla, pero enfrentando la firme oposición de sus habitantes y de la comunidad internacional.











