Mientras el pueblo venezolano se mantiene desplegado en las calles de Caracas exigiendo el regreso del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, secuestrados por fuerzas estadounidenses, la vicepresidenta Delcy Rodríguez encabeza la Comisión de Alto Nivel para denunciar este hecho en instancias internacionales.
Han transcurrido ocho días desde el secuestro de los líderes venezolanos, y en respuesta, el pueblo ha vuelto a tomar masivamente las calles de la capital en una nueva muestra de resistencia heroica. Una marea roja, integrada por movimientos sociales, trabajadores y comuneros, partió desde las inmediaciones de Plaza Venezuela con un destino claro: la sede de la Asamblea Nacional.
Esta séptima jornada consecutiva de movilizaciones a nivel nacional no solo exige el retorno inmediato de sus líderes, sino que también denuncia ante la comunidad internacional la flagrante violación de la soberanía y los derechos humanos perpetrada por la administración del presidente Donald Trump desde el pasado 3 de enero.
Bajo la consigna "Venezuela No Se Rinde", la Avenida Universidad se convirtió en el epicentro de la conciencia política, donde diversos sectores de la clase obrera y organizaciones de profesionales alzaron su voz enérgicamente contra el intervencionismo.
Estas movilizaciones masivas se suman a las demostraciones de fuerza juvenil realizadas en días anteriores, consolidando un estado de agitación popular permanente que se extiende por los 23 estados y el Distrito Capital.
La organización de las comunas en todo el territorio nacional es clave para mantener la cohesión social y la defensa de las instituciones frente a la ofensiva imperialista. Para los manifestantes, la presencia activa en la calle constituye la mayor garantía de protección de la Revolución Bolivariana, demostrando que el mandato popular obtenido para el periodo 2025-2031 sigue vigente y es defendido con firmeza por el Poder Popular.
Mientras la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, encabeza la Comisión de Alto Nivel para denunciar el secuestro en instancias internacionales, el apoyo popular en las calles brinda el respaldo político fundamental para la ofensiva diplomática. El despliegue de este pasado viernes evidenció que Venezuela no se encuentra paralizada; por el contrario, el país trabaja y lucha simultáneamente para garantizar la paz definitiva.
Los movimientos sociales han dejado claro que no descansarán hasta ver a sus líderes de regreso en el Palacio de Miraflores, reafirmando una lealtad absoluta que trasciende las amenazas militares que aún persisten en la región.
El contexto de la marcha también estuvo marcado por el repudio al ataque contra un centro de distribución de salud en La Guaira, donde la destrucción de insumos médicos es interpretada como un crimen de guerra. Los manifestantes recordaron que la agresión de Washington no distingue sectores, afectando directamente a la población más vulnerable que depende del sistema público de salud.
Esta conciencia del daño provocado por el imperialismo unificó a sectores que antes no participaban activamente, sumando nuevas voluntades a la defensa de la patria frente a lo que consideran una arremetida inhumana y criminal.
Al cierre de la jornada frente al Palacio Federal Legislativo, los voceros populares ratificaron que Venezuela se mantendrá en movilización constante mientras dure la usurpación de la libertad de sus mandatarios. La unidad cívico-militar, pilar fundamental del proceso bolivariano, se siente con más fuerza que nunca en cada consigna y en cada bandera levantada.
Mientras tanto, en el Reino Unido, movimientos sociales y organizaciones populares también se movilizaron en rechazo al intervencionismo y las amenazas de guerra contra Venezuela, exigiendo el respeto a la soberanía de la nación bolivariana. Asimismo, en Italia, fuerzas políticas y sociales protagonizaron una manifestación nacional contra el ataque militar de Estados Unidos a Venezuela y por la liberación de Maduro y Cilia Flores.











