La salmonicultura ha sido una de las actividades más relevantes para el desarrollo económico del sur de Chile en las últimas décadas. Tras superar desafíos sanitarios a finales de los años 2000, la industria se ha transformado y adoptado estándares equivalentes a los de los principales países productores, convirtiéndose en un sector más sostenible y generador de empleo formal en zonas con pocas alternativas.
En un momento en que Chile define su futuro político, es importante reconocer el papel estratégico que ha jugado la salmonicultura en el crecimiento y bienestar de las regiones australes del país. Tal como lo señala Fernando Villarroel, gerente general de Mowi Chile, la industria requiere una visión de Estado que le permita consolidar su desarrollo, tal como ha ocurrido en Noruega, donde el liderazgo se ha construido sobre la base de políticas estables, convicción de largo plazo, evidencia científica y una sólida relación público-privada.
La salmonicultura no solo tiene el potencial de satisfacer la creciente demanda global de alimentos, sino que también es clave para el desarrollo económico de las zonas costeras y rurales del mundo, tal como ha ocurrido en Chile. Organismos como la FAO han reconocido este rol estratégico de la acuicultura a nivel mundial.
En este contexto, es fundamental que el nuevo gobierno y el Parlamento chileno tengan la convicción de que la salmonicultura es una industria estratégica para el país. Con reglas claras y una mirada de largo plazo, la acuicultura puede convertirse en un motivo de orgullo nacional, impulsando el crecimiento y el bienestar de las regiones australes.










