En medio de las profundas crisis que sacuden al mundo, tres líderes políticos han sobresalido por su forma de ejercer el poder con una rara combinación de franqueza, discreción y elegancia. Se trata de Donald Trump, Luis Abinader y Leonel Fernández, quienes han demostrado habilidades excepcionales para manejar las relaciones de poder, tanto a nivel interno como en el ámbito internacional.
Donald Trump, el ex presidente de Estados Unidos, ha sabido integrar el escrutinio público y la fricción diplomática como instrumentos de poder. Recientemente, sostuvo una extensa conversación en la Casa Blanca con periodistas del influyente diario The New York Times, al mismo tiempo que hablaba con el presidente colombiano Gustavo Petro, permitiendo que ambas interacciones se desarrollaran ante los ojos del mundo. Lejos de evitar el escrutinio, Trump lo ha convertido en una herramienta para proyectar su autoridad.
Por su parte, el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, ha demostrado una notable habilidad para manejar con discreción y diplomacia las relaciones tanto con la sociedad dominicana como con los expresidentes de su país. En un contexto de polarización regional y crisis migratoria, Abinader ha optado por una política de equilibrio interno y alineamiento externo que preserva la estabilidad nacional sin renunciar a la cooperación estratégica con Estados Unidos.
Finalmente, Leonel Fernández, también expresidente de República Dominicana, encarna una rara combinación de firmeza estratégica y elegancia personal en la política latinoamericana. En 1998, durante la II Cumbre de las Américas en Santiago de Chile, Fernández tomó la histórica decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre República Dominicana y Cuba, rompiendo el alineamiento automático con la política de aislamiento de Washington hacia La Habana. Aun en un contexto delicado, con la crisis Lewinsky afectando la autoridad de Bill Clinton, Fernández actuó con soberanía y serenidad, sin caer en la provocación ni el victimismo.
Décadas después, Fernández saludó cordialmente a Hillary y Bill Clinton en Punta Cana, demostrando que la historia había sido superada con dignidad. Hoy, el triángulo Trump-Abinader-Leonel define la geometría real del poder dominicano en el Caribe, donde Trump ejerce una hegemonía sin ocupación, Abinader opera como socio funcional y Fernández permanece como garante de la continuidad institucional ante Washington.
Estos tres líderes han demostrado que es posible gobernar con firmeza, discreción y elegancia, incluso en tiempos de crisis y polarización. Sus acciones y decisiones revelan una rara habilidad para manejar el poder, integrando el escrutinio público, la diplomacia y la soberanía nacional como instrumentos de gobernanza efectiva.










