Javier Soto, un joven de 35 años, ha decidido aislarse del mundo y vivir en las instalaciones de un viejo observatorio astronómico abandonado en la solitaria estepa santacruceña, en la Patagonia argentina. Soto, que nació en Puerto Deseado y vivió en Trelew, sintió "voces internas" que lo llamaban a dejar la ciudad y su dinámica, y llegó al observatorio en octubre del año pasado, con el propósito de cuidar la tumba de su tío, el lonco mapuche Ramón Epulef.
El observatorio, conocido como Observatorio Austral Félix Aguilar, fue construido en la década de 1940 con el objetivo de estudiar el cielo del hemisferio sur. Fue una empresa heroica, ya que el lugar elegido, en el confín de la Argentina, era extremadamente remoto y aislado. Después de años de funcionamiento, el observatorio cerró en 1973, y quedó abandonado hasta que el tío de Soto, Ramón Epulef, lo reconstruyó y vivió allí con su familia.
Ahora, Soto se ha hecho cargo del legado de su tío, cuidando el lugar y la tumba de Epulef. Vive solo, sin ningún equipamiento técnico, en la vieja estación astronómica, que cruje y tiembla por el implacable viento estepario. Soto afirma que su propósito es "adentrarme en introspecciones y alejarme de la propuesta que hoy domina el mundo: trabajar más para ganar menos".
A pesar de las dificultades, Soto se siente conectado con el universo y la belleza de la naturaleza que lo rodea. Abre las tranqueras todos los días para que los turistas puedan acercarse al observatorio, pero su presencia ha generado algunas inquietudes, y en octubre pasado sufrió el incendio de la casa donde vivían los astrónomos.
Soto está decidido a defender este patrimonio histórico y los derechos de su tío, y a continuar su búsqueda introspectiva y espiritual, lejos del ruido y la dinámica de la civilización.











