Un amplio estudio internacional ha descubierto un mecanismo clave que permite que el cáncer de mama envíe metástasis al cerebro, un fenómeno altamente letal para el que actualmente no existe un tratamiento eficaz. Los hallazgos podrían facilitar el desarrollo de nuevos fármacos y la monitorización personalizada para la detección temprana y el tratamiento de estas metástasis cerebrales.
La investigación, publicada en la revista 'Nature Genetics', fue dirigida por el profesor Uri Ben-David y la profesora Ronit Satchi-Fainaro, de la Universidad de Tel Aviv, junto a otros investigadores de 14 laboratorios en 6 países.
El estudio encontró que cuando el cromosoma 17 en una célula de cáncer de mama pierde una copia de su brazo corto, las posibilidades de que la célula envíe metástasis al cerebro aumentan considerablemente. Esto se debe a la pérdida de un gen importante ubicado en este brazo: el gen p53, conocido como "el guardián del genoma".
Los investigadores descubrieron que la ausencia de un p53 funcional es esencial para la formación y proliferación de metástasis cerebrales cancerosas. Las células con p53 dañado o ausente producen más ácidos grasos, lo que les permite crecer y dividirse más rápidamente en el cerebro.
Además, identificaron una mayor interacción entre estas células cancerosas con p53 dañado y los astrocitos, células de soporte del cerebro que secretan sustancias que ayudan a las neuronas. Las células cancerosas secuestran estas sustancias para producir más ácidos grasos.
Los investigadores evaluaron la eficacia de varios fármacos que inhiben la enzima SCD1, clave en la síntesis de ácidos grasos, y encontraron que eran efectivos para obstaculizar el desarrollo y la proliferación de metástasis cerebrales, tanto en ratones como en muestras de pacientes.
Los hallazgos también pueden ayudar a los médicos a predecir la progresión de la enfermedad. Incluso en una etapa temprana del cáncer de mama, es posible identificar si existe una mutación en p53, lo que aumenta significativamente el riesgo de metástasis cerebrales. Esto permitiría un seguimiento y tratamiento más personalizados.
"Si bien el camino por recorrer aún es largo, el potencial de estos descubrimientos es inmenso", celebran los investigadores, quienes esperan que sus hallazgos contribuyan al desarrollo de nuevas terapias eficaces contra este devastador fenómeno.











