Luego de meses de choques verbales y presiones de la administración Trump hacia Colombia, el presidente Gustavo Petro viajará a Washington durante la primera semana de febrero para reunirse con su homólogo estadounidense. El encuentro, anunciado por el propio Donald Trump a través de su red Truth Social, se produce en un contexto de creciente tensión diplomática entre ambos países.
Trump aseguró que la visita será "muy buena" para Colombia y Estados Unidos, pero reiteró su postura dura contra el narcotráfico, advirtiendo que "la cocaína y otras drogas deben ser impedidas de ingresar a nuestro país". Esta declaración refleja la fragilidad del actual clima diplomático entre Washington y Bogotá.
Durante el año pasado, Petro y Trump protagonizaron una confrontación verbal que elevó el tono diplomático entre ambas naciones. Sin embargo, los mandatarios lograron rebajar el conflicto tras una conversación telefónica de más de una hora, previa al anuncio oficial de la visita.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia reaccionó a las recientes declaraciones de Trump, exigiendo respeto y calificando sus pronunciamientos como un ataque directo a la soberanía nacional. Esta situación evidencia la complejidad de las relaciones bilaterales en un momento en que la región observa con atención el endurecimiento del discurso desde la Casa Blanca.
Más allá de la coyuntura colombiana, el discurso de Trump también ha generado inquietud en otros países de América Latina. Sus afirmaciones sobre Cuba y la posibilidad de una intervención directa en México para combatir a los cárteles del narcotráfico han sido percibidas como una amenaza a la estabilidad diplomática y geopolítica de la región.
A medida que se acerca la visita de Petro a Washington, la comunidad internacional seguirá de cerca el desarrollo de las negociaciones y las posibles implicaciones que este encuentro pueda tener en la relación entre Colombia y Estados Unidos, así como en el delicado equilibrio de poder en Latinoamérica.












