Según datos recientes, el 20% de los adolescentes en España ha tenido contacto con material pornográfico antes de los 10 años, mientras que en Chile la edad de inicio se sitúa en los 11 años, consolidándose como un hábito a los 13. Estas cifras alarmantes revelan cómo el consumo precoz de pornografía afecta la sexualización de los jóvenes, normalizando conductas agresivas y la cosificación de la mujer.
Los estudios señalan que esta exposición temprana está vinculada a la violencia sexual y psicológica. La presión estética y la validación digital empujan a las adolescentes hacia la autosexualización, mientras que para los varones se refuerza la idea de virilidad a través de la dominación.
Para abordar esta problemática, los expertos sugieren abandonar el terreno de la moralidad y entenderla como un desafío de salud pública y de derechos humanos. Algunas de las medidas propuestas incluyen la implementación de programas escolares de educación socioafectiva, la alfabetización digital en las familias y la intervención del sistema de salud para detectar signos de ansiedad, aislamiento o actitudes sexistas en edades tempranas.
Los investigadores destacan que, dentro de un mundo donde las pantallas parecen dictar las normas, la tarea de la sociedad adulta es devolver el deseo al terreno del respeto mutuo. Urgen acciones integrales para proteger a los adolescentes de los efectos nocivos de la exposición precoz a la pornografía.











