En mayo de 1999, la compañía japonesa Kyocera presentó el VP-210 Visual Phone, el primer teléfono móvil del mundo con una cámara integrada. Este dispositivo, de aspecto robusto y con una antena visible, incorporaba en su esquina superior una pequeña lente frontal que cambió para siempre la manera de comunicarse.
El Kyocera VP-210 no fue diseñado para capturar paisajes, sino para posibilitar videollamadas. Su cámara frontal, orientada al usuario, ofrecía la posibilidad de transmitir video a dos cuadros por segundo, algo revolucionario para finales del siglo XX. Así, el teléfono sentó las bases del concepto de "selfie" y anticipó una tendencia que, años más tarde, dominaría la cultura digital.
Comercializado exclusivamente en Japón a través de la red PHS, el VP-210 tenía un precio de USD 325, considerado elevado en ese momento. Sin embargo, reflejaba la innovación tecnológica que representaba el equipo. Aunque la calidad de imagen era baja, la capacidad de enviar fotografías por correo electrónico directamente desde el teléfono resultó especialmente novedosa.
El aparato contaba con una cámara de 0,11 megapíxeles, suficiente para almacenar hasta veinte imágenes en la memoria interna. La pantalla LCD a color medía dos pulgadas y permitía visualizar las fotos en formato JPEG. El sistema, sencillo en su funcionamiento, marcó un punto de inflexión en la interacción entre personas a través de dispositivos móviles.
El dispositivo brindaba la posibilidad de realizar videollamadas y compartir imágenes en tiempo real, funciones que transformaron la percepción de la telefonía. Aunque las fotografías se veían pixeladas y pequeñas, la experiencia de ver a la persona del otro lado de la línea impactó en el uso cotidiano de los celulares.
El lanzamiento del Kyocera VP-210 motivó a fabricantes internacionales, como Nokia y Samsung, a desarrollar sus propios modelos con cámara integrada. Aunque este primer modelo no logró un éxito comercial global, su influencia se hizo sentir en toda la industria.
En pocos años, la cámara se transformó en una función indispensable, desplazando incluso a la llamada tradicional como principal atractivo de los móviles. La integración de imagen y voz impulsó la aparición de nuevas aplicaciones y servicios, como las videollamadas y la mensajería multimedia.
El VP-210 anticipó el nacimiento de plataformas sociales basadas en imágenes y videos, algo que más tarde se consolidó con la llegada de aplicaciones como Instagram y WhatsApp. Cada avance en cámaras de teléfonos, desde la mejora de resolución hasta el desarrollo de inteligencia artificial, remite a la apuesta innovadora de Kyocera en 1999.
El Kyocera VP-210 se convirtió en un símbolo de cómo una sola idea puede modificar la vida cotidiana. La posibilidad de captar y compartir imágenes de modo instantáneo alteró la manera de interactuar, documentar momentos y establecer vínculos a distancia. Aunque su cámara ofrecía una resolución limitada, el dispositivo abrió la puerta a desarrollos que cambiaron la historia de la telefonía móvil.
El impacto de este pionero japonés se percibe cada vez que una persona realiza una videollamada, toma una fotografía o publica contenido visual en redes sociales. El primer teléfono con cámara no solo sumó una función, sino que redefinió la esencia de los dispositivos móviles. El futuro de la comunicación visual comenzó con la apuesta valiente de Kyocera y su VP-210, un hito que transformó para siempre la forma de conectarse.

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