La posible inclusión de las tierras raras entre los productos de uso dual cuya exportación a Japón vetó China esta semana sería un duro golpe para el archipiélago, pero estaría aún lejos de plantear un "escenario catastrófico" para el país, según expertos consultados.
Japón, que importa alrededor del 70% de sus tierras raras de China, que tiene prácticamente el monopolio de su venta y procesamiento, se vería seriamente afectado por un veto a su exportación, lo que provocaría un "daño significativo" en su economía.
Sin embargo, el alcance de las restricciones chinas es todavía ambiguo y, según el profesor Kazuto Suzuki de la Universidad de Tokio, el objetivo de Pekín sería más bien ejercer "presión política" sobre Tokio, y no dañar gravemente a la economía japonesa.
Japón mantiene acuerdos con otros países para diversificar la adquisición de estos materiales, por lo que un veto de China no pondría en peligro el suministro, aunque Tokio tendría que pagar precios mucho más altos.
"Es un problema, pero no es algo tan crítico como solía ser", explicó Suzuki, quien vaticinó que las represalias de Pekín se irán "reduciendo gradualmente" hasta lograr un "aterrizaje suave" de la tensión.
Por su parte, el profesor Jeffrey J. Hall, especialista en estudios japoneses, señaló que la postura de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre Taiwán, que enfureció a Pekín, ha recibido gran apoyo en Japón, por lo que el daño económico tendría que ser mucho más alto para presentar serios problemas a la mandataria.
Mientras tanto, el enfrentamiento por las tierras raras servirá para "aumentar la urgencia de Japón para encontrar y desarrollar cualquier fuente alternativa que pueda encontrar", explicó Hall, si bien algunos de estos proyectos tardarán años en materializarse y serán muy costosos.












