La mayor tormenta del invierno en el centro de la Rusia europea ha sepultado Moscú bajo un manto blanco de más de 30 centímetros de nieve, paralizando la actividad en la capital rusa.
La nevada, que comenzó el jueves y se intensificó durante la jornada del viernes, ha cubierto tanto las aceras como las carreteras de la ciudad, dificultando seriamente la circulación vehicular. Según informes meteorológicos, en algunas zonas adyacentes a Moscú, la altura de los montículos de nieve ha llegado a alcanzar los 50 centímetros.
"La alfombra de nieve seguirá aumentando", pronosticó Yevgueni Tishkovets, especialista del centro Fobos, quien destacó que esta nevada es una "anomalía" que ha cubierto ya el 65% de la norma mensual en ciertos puntos de la región moscovita.
Las autoridades locales han pedido a los ciudadanos que eviten utilizar sus vehículos particulares y opten por el transporte público, aunque no todos han atendido a estas recomendaciones. En las carreteras, los coches y camiones se desplazan a una velocidad máxima de 40 km/h, manteniendo una distancia prudencial para evitar accidentes.
Por otro lado, la nieve ha sido recibida con alegría por los niños, que han acudido a los parques con trineos y neumáticos para deslizarse a toda velocidad, y por los aficionados al esquí de fondo, quienes en los últimos años han sufrido por la falta de nieve.
Los operarios de limpieza y las máquinas quitanieves han trabajado intensamente desde el jueves para intentar mantener despejadas las calles de la capital rusa. Asimismo, las condiciones meteorológicas han obligado a modificar algunos vuelos en los aeropuertos internacionales de Moscú, aunque estos siguen operando.
Rusia se encuentra en medio de las fiestas navideñas ortodoxas, por lo que la mayoría de la población no volverá al trabajo hasta el próximo 12 de enero.











