Tras años de un régimen autoritario encabezado por Nicolás Maduro, Venezuela se encuentra en un momento de transición y profunda incertidumbre. La captura del dictador venezolano y su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero de 2026, ha desencadenado una serie de interrogantes sobre el futuro político del país.
El desenlace de la caída de Maduro se dio luego de que en diciembre de 2025 el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, y el mandatario venezolano mantuvieran una conversación telefónica para intentar negociar una salida pacífica. Sin embargo, la negativa de Maduro a dejar el poder y su retórica belicista hacia Washington terminaron por desencadenar la intervención de Estados Unidos en el Caribe.
La caída de Maduro no significa, sin embargo, el fin del régimen autoritario en Venezuela. Diversas facciones del chavismo buscarán mantener la estructura de poder a través de un nuevo liderazgo. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido el poder constitucionalmente, pero líderes como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, podrían intentar heredar el control del país.
Las fuerzas armadas, pilar fundamental del régimen de Maduro, serán un actor clave en este proceso de transición. Bajo el gobierno de Hugo Chávez, Venezuela se militarizó, y las Fuerzas Armadas participan en tareas civiles y sostienen el poder mediante las armas. Su posición será determinante para el futuro del país.
Otro elemento crucial será el destino de Edmundo González Urrutia, ganador de las elecciones de 2024 que fueron tachadas de fraudulentas por la oposición, y de la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. Las condiciones aún no están dadas para que asuman la conducción del país.
En este contexto de incertidumbre, el papel de Estados Unidos será fundamental. El presidente Trump ya ha declarado que no pueden "arriesgarse a dejar que alguien más dirija Venezuela y simplemente se haga cargo de lo que él dejó". Esto abre la puerta a una posible intervención militar estadounidense para imponer el orden y reestructurar el régimen, tal como ocurrió en Panamá, Haití o Guatemala.
La caída de Maduro no es el final, sino el inicio de un sendero incierto en el que la democracia y el autoritarismo se batirán hasta el final. El régimen chavista tiene engranajes menos visibles que han sido ignorados y que ahora emergen como una amenaza para la transición hacia la democracia.











