El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se ha declarado "prisionero de guerra" ante sus captores, en medio de la grave crisis que atraviesa su país por la agresión militar ordenada por el expresidente estadounidense Donald Trump.
En un contundente mensaje, Maduro afirmó: "Soy el Presidente de Venezuela y me considero prisionero de guerra". Esta frase, según expertos, pone en evidencia la naturaleza de guerra que tiene la ofensiva lanzada contra Venezuela y su pueblo.
La agresión militar contra Venezuela, ejecutada por cómplices de Trump, ha sido calificada como un "acto de guerra en todo sentido" que atropella la soberanía del país y viola principios fundamentales del derecho internacional. Maduro fue secuestrado junto a su compañera Cilia Flores, en un hecho que trasciende todos los precedentes.
Los analistas señalan que la narrativa inventada por Trump y sus aliados para justificar esta acción es "tan burda que no resistiría el más mínimo examen en un genuino Estado de derecho". Sin embargo, denuncian que el "lawfare" diseñado por estrategas estadounidenses se ha convertido en el instrumento predilecto del "emperador" para liquidar a sus adversarios políticos.
En este contexto, la declaración de Maduro como "prisionero de guerra" ubica los hechos en su real dimensión jurídico-política, de acuerdo a los Convenios de Ginebra y otros instrumentos del derecho internacional. Según expertos, esta agresión no es solo contra Venezuela, sino "contra todos los pueblos del mundo y contra el sistema de normas que han regulado la coexistencia entre las naciones".
Los analistas advierten que, de permitirse esta acción, se impondría "la ley del más fuerte, la voluntad del matón del barrio", demoliendo el derecho a la soberanía y autodeterminación de los pueblos de América Latina y el Caribe.












