La economía circular se ha convertido en una tendencia clave para enfrentar los desafíos ambientales del siglo XXI. En el campo de la tecnología, esta filosofía propone nuevas rutas para extender la vida útil de los dispositivos electrónicos y reducir el impacto de su descarte.
Vivimos en una era digital donde la obsolescencia programada y el consumismo acelerado han generado montañas de residuos electrónicos. Sin embargo, la economía circular tecnológica plantea soluciones innovadoras para darle una segunda vida a esos aparatos que "ya no sirven".
Uno de los pilares de este modelo es el reciclaje. Muchos componentes de los dispositivos electrónicos pueden ser recuperados y reutilizados en la fabricación de nuevos productos. Desde metales preciosos hasta plásticos, la separación y el procesamiento adecuado de estos materiales permiten reducir significativamente la extracción de recursos vírgenes.
Pero el reciclaje es solo una parte de la ecuación. La economía circular también promueve la reparación y el reacondicionamiento de equipos. En lugar de desechar un smartphone o una computadora cuando presentan fallas, es posible repararlos y devolverlos al mercado en condiciones óptimas. Esto no solo disminuye la generación de desechos, sino que también representa una oportunidad de negocio y de acceso a tecnología a menor costo.
Asimismo, el alquiler y el leasing de dispositivos son modelos que se alinean con la filosofía circular. Las empresas retienen la propiedad de los equipos y se encargan de su mantenimiento, lo que incentiva la extensión de su vida útil y evita que terminen rápidamente en los vertederos.
Más allá de las soluciones técnicas, la economía circular tecnológica también implica un cambio cultural. Los consumidores deben adoptar hábitos más sostenibles, como priorizar la reparación antes que el reemplazo, o elegir opciones de segunda mano o reacondicionadas. Las marcas, por su parte, tienen el desafío de diseñar productos más duraderos y fáciles de mantener.
En definitiva, la economía circular ofrece una alternativa al modelo lineal de "extraer, producir, consumir y desechar" que ha dominado la industria tecnológica. Al cerrar los ciclos de vida de los dispositivos, se abre la puerta a una gestión más sostenible de los recursos digitales, con beneficios tanto ambientales como económicos.






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